Viernes 16 de Noviembre de 2018 - 12:01 AM

De la protesta social al vandalismo

Las autoridades que la Constitución y la Ley han instituido para lograr que impere el orden y haya sosiego en la vida en comunidad, deben impedir que esos siniestros encapuchados consigan su cometido que es sembrar el caos.
Colprensa /VANGUARDIA LIBERAL

Las protestas sociales de uno u otro sector de la colectividad respecto de hechos y políticas gubernamentales, o por acontecimientos sociales, políticos y económicos, son una conquista que la comunidad ganó hace tiempo. Pero lo que rechaza la colectividad y las autoridades tienen la obligación de impedir que logre sus oscuros fines, es que en los actos de protesta social personas cuyos objetivos son siniestros, que mimetizan sus rostros tras capuchas, lleven a cabo actos de vandalismo y terror, causen daño en bienes estatales, en propiedades privadas, lancen “papas bombas”, “bombas molotov”, embadurnen paredes y fachadas de edificaciones y monumentos públicos y generen zozobra en la comunidad.

Las autoridades que la Constitución y la Ley han instituido para lograr que impere el orden y haya sosiego en la vida en comunidad, deben impedir que esos siniestros encapuchados consigan su cometido que es sembrar el caos.

Más la procedencia de quienes encapuchados generan caos, no ha logrado ser debidamente establecida por las autoridades de Policía y es necesario que se consiga neutralizar su acción, pues su razón de ser es causar daños y rasgar en jirones la vida sosegada de los ciudadanos de bien.

Los actos vandálicos en las protestas sociales cometidos por personas que ocultan sus rostros para lograr consumar sus fechorías trastornan la vida citadina, dañan inmuebles, vehículos y mobiliario urbano. Debe si expresarse que tan siniestros encapuchados no tendrían éxito si fueran rechazados por los manifestantes y por los organizadores de tales marchas.

Hace pocos días hubo destrozos en el edificio de la Facultad de Ciencias Humanas de la UIS. Nadie puede acusar a la Policía de ello, pues las fuerzas del orden no entraron al campus universitario. ¿Quién cometió tales daños? Los encapuchados. ¿Quién debe de su presupuesto reparar tales estragos? La universidad. ¿No es contradictorio que se pida más presupuesto pero éste tenga que destinarse a reparar esos daños?

¿No se percatan que al dejar que los encapuchados se mimeticen en marchas y protestas, destruyan bienes, generen caos, la comunidad rechazará las pretensiones estudiantiles? Es prudente ser sensatos al actuar.

 

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