Lunes 19 de Noviembre de 2018 - 12:01 AM

Una crisis profunda, grave

Hay turbulencia administrativa, inmenso desorden, deficiencias en la gestión de recuperación de cartera y la población afiliada ha decrecido en un 16% en los últimos tiempos.
ARCHIVO/VANGUARDIALIBERAL

El Estado toma en muchas oportunidades decisiones equivocadas que tienen consecuencias inenarrables a nivel económico, social, que afectan el empleo, la marcha de la Nación, el sosiego colectivo y arrojan al país a laberintos sin salida. Un ejemplo de ello es lo que ha ocurrido con lo que en los últimos tiempos se conoce como el caso Medimás, ese que comenzó siendo el problema de Saludcoop.

A Medimás hace poco se le hizo una auditoría a su estado contable y financiero para establecer su verdad real, y los resultados aterran.

Las conclusiones de dicha inspección evidencian que tiene activos que suman 1,9 billones de pesos frente a pasivos que ascienden a 2,1 billones, de los cuales $ 1,4 billones son pasivo exigible; que su patrimonio negativo es de $212 mil millones y su pérdida acumulada a agosto de 2018 alcanza los $750 mil 542 millones. Además, no tiene liquidez para atender el pasivo exigible y tiene dificultades en la gestión del riesgo en salud de la población afiliada. A eso se suma que en los últimos meses han sido cerradas ocho de las 19 clínicas de su red básica. En Medimás crecen más los costos que los ingresos.

Allí hay turbulencia administrativa, inmenso desorden, deficiencias en la gestión de recuperación de cartera y la población afiliada ha decrecido en un 16% en los últimos tiempos.

Como si lo anterior fuera poco, contra ella hay un gran alud de tutelas, quejas, reclamos, peticiones y demandas. Al mes, en promedio, se inician 18.773 nuevas acciones en su contra.

La Procuraduría General de la Nación, la Contraloría General de la República y la Superintendencia de Salud tienen profundas sospechas sobre la operación empresarial de Medimás. En tanto, los administradores de ella, molestos cada vez que se publican nuevos informes, inspecciones y análisis de su estado contable, argumentan que están poniendo la casa en orden.

El Estado no ha tomado la decisión por todos esperada por temer que las consecuencias sean más graves que el mal. ¿Cuánto más podrá esperarse? Ha habido tiempo más que suficiente para diseñar planes de contingencia. ¿Acaso se espera que tal EPS se hunda en las más hondas profundidades marinas cuál ocurrió con el submarino argentino? Las consecuencias pueden ser incontrolables.

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