viernes 06 de noviembre de 2009 - 10:00 AM

A dinamizar la modernización

El progreso humano se disparó a partir del siglo XVIII, es decir el 'Siglo de las Luces', cuando la humanidad descubrió que debía abandonar los mitos y las leyendas así como también el oscurantismo debido al fanatismo religioso, para empezar a pensar con criterios lógicos y analíticos, haciendo uso del más importante instrumento que nos ha legado la naturaleza a través de la evolución: la inteligencia humana y nuestra capacidad de pensar de manera lógica y coherente.

En los últimos años, la neurociencia ha permitido conocer en detalle el funcionamiento del cerebro, la especialización de los dos hemisferios cerebrales y sus diferentes zonas, y nos ha llevado a la conclusión de que la inteligencia no era una virtud heredada sino el resultado de nuestra propia capacitación, demostrando además que estamos en capacidad de asimilar siete datos por segundo y de aprender durante el resto de la vida independientemente de la edad, lo que significa que la capacidad mental  de  creatividad y de aprendizaje es ilimitada y que sólo se requiere la decisión personal para lograr altos niveles de inteligencia y de genialidad mediante el uso de los métodos apropiados.

Por otra parte, se ha demostrado que la diferencia entre los países ricos y los pobres, así como entre los pueblos cultos y los incultos, se debe solamente a que sus grupos humanos han hecho uso o no de todas las prerrogativas del conocimiento, la ciencia y las tecnologías que el desarrollo pone a su disposición.

Sorprende que un estudio hecho entre nosotros por la Agencia de Desarrollo Económico y Local, 'ADEL Metropolitana', haya encontrado que sólo el 74% de nuestros microempresarios tiene un computador, la tercera parte de ellos obsoleto y que un 26% no lo utiliza para su trabajo con los clientes.

A su vez, estudios realizados por las universidades locales demuestran que es muy bajo el porcentaje en que nuestros directivos empresariales utilizan ellos mismos o permiten y facilitan que sus empleados hagan uso de los diferentes programas académicos de actualización, profundización o especialización que las universidades ponen a su disposición en modalidades presenciales, virtuales o a distancia, con lo cual ellos mismos y sus propias empresas se van quedando rezagados ante los avances de la tecnología y de la modernidad.

Es tiempo ya de tomar conciencia de la importancia de la lectura y del estudio, así como de las ventajas económicas de la capacitación que, según estudios de la UNESCO, ha demostrado ser la mejor de todas las inversiones y la única estrategia válida para culturizarnos y lograr los máximos desarrollos económicos, empresariales, comerciales, personales y colectivos.

En un Departamento como el nuestro, con una de las mejores regionales del SENA y con varias de las mejores universidades del país, no se explican tan bajos índices de utilización de las TICs y de las ventajas de la modernidad.

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