lunes 10 de mayo de 2021 - 12:00 AM

A los caleños la violencia derivada de las protestas los tiene secuestrados

El desabastecimiento en que ha caído la ciudad como consecuencia de los bloqueos de vías de acceso a la ciudad, ha exacerbado la situación, ante la evidencia de escasez de alimentos y combustible, lo que, claramente, ha sido motivo de confrontación.
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Desde el primer día de paro nacional, Cali ha concentrado el mayor nivel de tensión de las manifestaciones derivadas de las protestas que comenzaron con el rechazo al proyecto de reforma tributaria y que se extendieron tanto en el número y complejidad de los temas que se reclaman, como en la cantidad de grupos sociales que buscaron expresión en las calles del país.

A partir de los primeros tres días, la situación nacional se agudizó en todo el occidente colombiano, una región en la que, en los últimos años, han confluido prácticamente todos los problemas, desde los estructurales como la pobreza, hasta otros, que tienen raíz en las luchas entre bandas delincuenciales derivadas del negocio de las drogas. En la coyuntura actual, todo esto emergió políticamente a las marchas y territorialmente a la ciudad de Cali, la más grande y que concentra la mayor cantidad de población en todo el occidente colombiano.

Hoy, según los últimos reportes de la prensa, Cali es una zona más de guerra que de una expresión de descontento social. De las consignas iniciales contra una acción puntual del gobierno, se pasó peligrosamente, como ocurría ayer, a enfrentamientos entre civiles en diferentes sectores de la ciudad, donde se denunciaban, por ejemplo, ataques armados de particulares contra grupos indígenas, que hacen presencia masiva en Cali. El desabastecimiento en que ha caído la ciudad como consecuencia de los bloqueos de vías de acceso a la ciudad, ha exacerbado la situación, ante la evidencia de escasez de alimentos y combustible, lo que, claramente, ha sido motivo de confrontación entre los manifestantes y los grupos de civiles armados, en hechos de extrema gravedad.

En medio de esta tensión ha quedado el grueso de los habitantes de Cali que, sin importar sus ideas o preferencias, sufren la concentración de toda esta violencia prácticamente secuestrados en sus casas, en medio de una zozobra verdaderamente desesperante. La militarización que ordenó el Presidente hace cuatro días no logró reducir la beligerancia que ya había en la ciudad, los intentos de diálogo del gobierno no han calado tampoco, por cuanto algunos dirigentes sindicales consideran que se les debe llamar no a dialogar, sino a negociar. Y así, a medida que los puntos de encuentro se diluyen, el conflicto se profundiza y Cali, mientras tanto, vive una situación de amenaza que debe ser conjurada de la mejor manera y en el menor tiempo posible.

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