domingo 29 de marzo de 2009 - 10:00 AM

Activos tóxicos y repúblicas bananeras

Esta semana, el gobierno de los Estados Unidos dio a conocer su plan por un valor de un trillón de dólares para tratar de sacar la economía de la unidad de cuidados intensivos.

El proyecto, que consta de varias aristas, busca en una de ellas, que ya había sido anunciada con anticipación, activar la demanda mediante megainversiones en obras públicas que combatan el desempleo. Y hasta ese punto, todo muy bien.

Sin embargo, es otro aspecto del plan, el que pretende financiar hasta por un millón de millones de dólares a las compañías que compren activos tóxicos, es decir, derivativos inmobiliarios para poder entre otras cosas subsanar los balances de los bancos, el que ha generado todo tipo de análisis y comentarios.

Y  ha generado todo tipo de análisis y comentarios, porque además de haber adquirido ya grandes bloques accionarios de bancos como el Citi, que equivaldría a su nacionalización parcial, el proyecto no es otra cosa que la adjudicación de todo el desastre a los sufridos contribuyentes. Sí, serán ellos al final de la historia quienes asuman los costos de la irresponsabilidad, la codicia y hasta la indecencia de miles de banqueros y financistas de Wall Street.

Pero, ¿cómo se relaciona esa situación con los países al sur del río Grande? De varias maneras. Es que además de los efectos devastadores que pueda generar en estas naciones cualquier dificultad de la economía estadounidense, como de hecho ya comienza a verse, no deja de llamar la atención la peculiaridad de toda la situación.

Es que la paradoja no podría ser más evidente, cuando a través de la historia los países del hemisferio norte han calificado a manera de burla a los de este lado como repúblicas bananeras. Y los han denominado así, entre otras cosas por la cantidad de veces en que sus gobiernos se han visto obligados a salvar al sector financiero con recursos de los contribuyentes, luego de la irresponsabilidad de los banqueros, para que en el presente sean precisamente ellos quienes se encuentran en esa situación, agravada a la enésima potencia.

De hecho, para acentuar la extravagancia, es en la actualidad la banca latinoamericana la que se caracteriza por la seriedad para conducir sus negocios, así como su solidez en una coyuntura tan difícil.

El mundo entero estuvo ad portas de entrar en una nueva depresión como no se veía desde los años 30 y hay incluso quienes piensan que el peligro aún no ha cesado del todo.

En síntesis, hay un aspecto fundamental que no se puede perder de vista y es la necesidad apremiante de regular, vigilar y sobre todo controlar la banca de todos los países, pero sobre todo, la de los económicamente más poderosos. Esa, es la lección principal que debe quedar después de toda esta debacle.

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