jueves 15 de abril de 2021 - 12:00 AM

Acualago: una apuesta de bienestar ciudadano, abandonado por las instituciones

El esfuerzo privado se fue a pique ante el incumplimiento de un sector oficial que prefirió respaldar otros proyectos turísticos y recreativos que les ofrecían dividendos políticos y de otra índole...
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La inversión de 45 millones de pesos que en 1976 hizo la Beneficencia de Santander para adquirir el lote, primero, y luego construir el que se nombró entonces como Parque Recreacional El Lago fue cuantiosa. Calculada la suma a una tasa de inflación promedio del 14% anual de entonces a hoy, nos da una cifra cercana a los 16.500 millones de pesos. Pero el esfuerzo valió la pena, el parque, bajo la administración de la Beneficencia se convirtió en un polo de atracción para la recreación de decenas de miles de habitantes del área metropolitana que durante casi tres décadas visitaron ‘El Lago’ y encontraron allí una buena forma de pasar un día de descanso en familia, no solo porque durante casi todo ese tiempo estuvo en buenas condiciones de mantenimiento, sino porque los precios de ingreso y uso de las ‘atracciones’ era verdaderamente económico.

Pero la Beneficencia de Santander comenzó a acusar el paso de años de politiquería por sus sillas directivas y el parque decayó, al punto de cerrar sus puertas hacia 2005, hasta que nueve años después, un proyecto de empresarios particulares que soñaban con entregarle un espacio de entretenimiento al área metropolitana transformó el entonces fracasado parque en uno moderno, cuyo enfoque estaba en la recreación acuática.

En 2014, durante la administración de Horacio Serpa Uribe, se reabrió el lugar, bajo el nombre de Acualago, y sus primeros meses fueron un éxito arrollador en cuanto a la afluencia de gente que recuperaba un espacio que estaba y permanece aún en la memoria colectiva de varias generaciones de santandereanos.

Pero solo tres años después, en abril de 2017, Acualago comenzó su proceso de liquidación. El aporte y esfuerzo administrativo de los empresarios no fue soportado por los socios estatales, las alcaldías de Bucaramanga y Floridablanca y la Gobernación de Santander, que incumplieron con sus aportes y condujeron las finanzas al terreno del desastre.

El esfuerzo privado se fue a pique ante el incumplimiento de un sector oficial que prefirió respaldar otros proyectos turísticos y recreativos que les ofrecían dividendos políticos y de otra índole, y lo que pudo ser una gran empresa turística y comercial para un amplio sector del área metropolitana, hoy indica lamentablemente la dificultad de reunir y mantener en armonía el trabajo entre el sector privado y público del departamento. El estado de abandono en el que se encuentra Acualago ante la indiferencia del sector público es la muestra de que en nuestra región es muy difícil apostarle a proyectos para beneficio de todos, pues muchas veces el sector público los deja en el abandono. La historia nos deja este precedente del que, seguramente, nos costará algún tiempo recuperarnos.

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