miércoles 02 de junio de 2021 - 6:00 AM

Al caos vehicular su suma ahora el daño en los semáforos y las señales

Los semáforos que existían ya eran insuficientes y los pocos que permanecen en pie no funcionan, contribuyendo así a la interminable congestión vehicular que cada vez se limita menos a las horas pico y se extiende por todos los horarios del día.
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Es ya legendario el grado de abandono en que las administraciones de Bucaramanga de las últimas décadas han tenido a la Dirección de Tránsito de la ciudad. Esta entidad se enfrenta a un desprestigio acumulado de varios años, pero hoy, con una dirección que quiere hacer las cosas bien, lidia con la ausencia de presupuesto y del número de funcionarios administrativos y operativos necesarios para llevar a cabo una labor idónea, en una ciudad con un parque automotor en permanente crecimiento. Además de ello, el incumplimiento de las normas de tránsito es la constante de la movilización de vehículos en nuestra ciudad, donde a veces parece que no existiera norma alguna, pues cada persona al volante hace muchas veces lo que quiere y no lo que la normas de tránsito le obligan.

Como si este panorama de caos fuera poco, a esta realidad hay que sumarle ahora los destrozos que han quedado tras varias jornadas de vandalismo, en las que se han destruido gran parte de la red semafórica de Bucaramanga y su área metropolitana, junto a las señales de tránsito, que ha terminado en las últimas jornadas de desórdenes como escudos de muchos de los que se han enfrentado en las calles.

Así que al gran atraso en la red semafórica de la ciudad, hay que sumarle ahora el daño en los semáforos que existían, que han terminado vandalizados por completo en algunos sectores del área metropolitana, lo que hace que ahora en puntos críticos de la ciudad se esté a merced de la presencia de los agentes de tránsito.

Si en condiciones normales la dolorosa y creciente cifra de heridos y muertos en las vías de la ciuda crece, como en el año anterior en el que murieron 27 motociclistas, 23 peatones, ocho conductores de automóviles o pasajeros, y tres ciclistas, ¿qué pasará ahora que la ciudad y su área metropolitana ya no cuentan con semáforos ni señalización suficiente por cuenta de los actos vandálicos?

Y, por lo visto hasta ahora, en la presente administración no hay indicios de que esta fatídica tendencia vaya a cambiar.

Los semáforos que existían ya eran largamente insuficientes y los pocos que permanecen en pie no funcionan, contribuyendo así a la interminable congestión vehicular que cada vez se limita menos a las horas pico y se extiende por todos los horarios del día y parte de la noche, agravados por las marchas que ocurren casi a diario.

Y mientras los semáforos permanecen apagados y las señales de tránsito escasean producto del impacto de la incultura ciudadana, no se vislumbra una solución al largo plazo, por lo cual se advierte que el tráfico en Bucaramanga y su área metropolitana entran ahora a una modo peligroso y probadamente mortal.

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