viernes 21 de febrero de 2020 - 12:00 AM

Algo más que solo un calor desesperante

Estamos cosechando en calor lo que durante décadas hemos sembrado en ignorancia o desprecio por el cuidado de nuestro medio ambiente.
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El pasado miércoles fue el día más caluroso del año en Bucaramanga, según registros del Ideam. La temperatura, cada vez más elevada, ha hecho que los bumangueses experimenten un calor que antes nunca se daba, a menos que fuera una circunstancia excepcional que solo se repetía en años.

Pero desde hace semanas la ciudad ha ardido y es bueno que entendamos que, además de los conocidos efectos del cambio climático, estamos cosechando en calor lo que durante décadas hemos sembrado en ignorancia o desprecio por el cuidado de nuestro medio ambiente.

Si estamos o no asistiendo a los primeros capítulos de una historia que nos anunciaron en los últimos años sobre el recalentamiento terrestre, lo dirán los expertos, pero no cabe duda de que el clima hace años abandonó su comportamiento regular y predecible, para convertirse en una espiral de calor por períodos cada año más largos.

No hemos reciclado como es debido; no hemos sembrado árboles y, por el contrario, los miles que se han talado para dar espacio a diferentes construcciones no han sido compensados; hemos abandonando a los árboles que se enferman y cortado los que están sanos, reemplazándolos por áreas interminables de concreto y pavimento. A su vez, no se han promovido iniciativas de ninguna clase para concientizar verdaderamente a las nuevas generaciones sobre los peligros de la tala indiscriminada, la contaminación de los ríos y el calentamiento global; ni la sociedad, ni los gobiernos han entrado en la senda de la responsabilidad ambiental y eso lo sentimos, entre otras cosas, en la pésima calidad del aire, en el agua, en los ciclos naturales desquiciados y en el calor desbordante.

Pero, además de la obvia incomodidad que ocasiona la elevada temperatura que sufrimos por estos días, debemos tener presente la cantidad de peligros reales que corremos por esa causa. Además de los incendios forestales que el calor provoca por centenas en las montañas santandereanas, algunas penurias a cultivadores que tienen en esta temperatura a su peor enemigo, o las posibles sequías y racionamientos de agua, hay que tomar medidas permanentes sobre la salud de cada uno para evitar efectos indeseables relacionados con la radiación o una serie de síntomas que se relacionan con la exposición directa al sol o el calor.

Conciencia ambiental y cuidados personales son, por ahora, la fórmula para enfrentar la ola de calor, pero en el largo plazo tendremos que tomarnos en serio el mega problema ecológico que enfrenta el mundo si queremos evitar que quienes nos sucedan vivan en un mundo cada vez más hostil y ambientalmente peligroso.

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