martes 01 de diciembre de 2009 - 10:00 AM

Allá unidos, aquí, Chávez

Incontables guerras a través de la historia, incluidas dos mundiales, la última de las cuales dejo más de 55 millones de muertos. Idiomas diferentes. Culturas y religiones diversas y hasta sistemas de gobierno distintos. Sin embargo, ninguno de esos factores ha sido obstáculo insuperable para que Europa haya logrado su unión.

Sí. Una unión económica que incluye además compartir intereses comunes, que la tienen como uno de los más importantes e influyentes bloques del mundo desarrollado.

Todo, gracias al diálogo serio, directo, sincero y comprometido. Pero sobre todo, respetuoso e igualitario, donde ningún país ha tratado de imponerle su agenda o su sistema político a los demás por la fuerza.

Lamentablemente, la situación al otro lado del Atlántico es contraria. Mientras no solo el Viejo Continente sino el mundo entero hacen lo que está en sus manos por integrarse, Suramérica se encuentra en una discusión que no parece tener fin. De hecho, las discrepancias han llegado incluso a hacer sonar los tambores de guerra.

En esta  parte del continente americano, no importa que salvo Brasil, se comparta el mismo idioma. Tampoco que sea prácticamente la misma raza mestiza y se goce de una historia común. Por estos días, el presidente venezolano Hugo Chávez Frías ha logrado borrar todo eso de un plumazo.

Y lo ha borrado, no sólo por sus ambiciones de extender su revolución socialista por toda la región; sistema político que hay que insistir, es el mayor fracaso de nación alguna en lo que va corrido del siglo XXI. También, por su intemperancia, su grosería y su insistencia en mantener relaciones non sanctas con agrupaciones rayanas en el terrorismo, pero sobre todo, como se ha podido deducir en los últimos tiempos, por su necesidad de encontrar urgentemente a quién echarle la culpa de la triste situación en la que sumió al pueblo venezolano.

No obstante y a pesar de lo que pudiera pensarse, la culpa no es exclusividad suya. La responsabilidad recae también en el eco que tienen sus discursos y determinaciones en gobiernos de países como Bolivia, Ecuador y en alguna medida Argentina, que han transado a cambio de petrodólares su apoyo a una causa que desde ya se sabe que no va a tener un final feliz.

En resumidas cuentas, pocas veces había estado más distante la integración latinoamericana, sin la cual será todavía más difícil sacar a esta parte del mundo de la pobreza y el subdesarrollo.

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