sábado 01 de agosto de 2009 - 10:00 AM

América Latina en su laberinto

En este 2009 han comenzado las celebraciones de los 200 años de los movimientos de independencia de los países latinoamericanos. Y tales fiestas y conmemoraciones encuentran al subcontinente en medio de una crisis en materia de respeto y convivencia pacífica, de defensa de los valores democráticos y de qué debe entenderse por soberanía.

Hace algo más de 180 años, el Libertador Simón Bolívar dio el primer paso para que América encontrara un futuro común, pero los  comienzos del siglo XXI demuestran que las herramientas que se han diseñado para solucionar los conflictos regionales y caminar hacia un mismo norte en materia de integración, están en punto crítico. Ello es evidente en el caso de la OEA, organismo cada vez menos relevante, cada vez más desdibujado.

 Desafortunadamente los comentarios sobre los más recientes capítulos de la crisis que vive América Latina se han quedado en la reseña emocional de cada episodio y no han horadado más, no analizan que ellos sólo son expresiones de un problema más profundo.

 América Latina es el escenario donde están en plena confrontación, abiertamente, dos bloques ideológicos, dos concepciones opuestas sobre la democracia y el modelo económico y social que deben seguir nuestros países. Tal puja es consecuencia del impulso tomado por el modelo caudillista hegemónico que encarna con ahínco el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y de la pérdida de influencia de Estados Unidos en la región.

 La crisis de Honduras es expresión de tal puja. También lo es el enfrentamiento entre Colombia y Venezuela, que tiene como eje no las armas encontradas a las Farc, sino la presencia militar de E.U. en Colombia.

La confrontación pone en evidencia que para que América Latina avance como región y se calmen los ánimos, se requiere de un claro liderazgo que ponga orden, pero no hay consenso sobre quién debe ejercerlo. A ello se suma el que Hugo Chávez rapa protagonismo y quiere asumir la vocería, pero en su obrar pesan más los intereses personales que los regionales, le interesa más concretar su influencia que guiar. En resumen, en su propuesta no prima el interés general.

Y en medio de vientos tan encontrados, Brasil, que ha sido el país que más ha avanzado en materia de liderazgo por la atinada administración de 'Lula' da Silva, el sosiego que su talante ha impreso en tal nación, el bienestar económico que ha edificado, no ha logrado traducir en signos evidentes su influencia, ni ha podido –a nivel internacional- moldear su vocería regional. Además, el liderazgo tiene costos de distintos órdenes y en el seno de Brasil hay divergencias entre el gobierno y los empresarios sobre si deben o no asumir tales responsabilidades y qué tanto frenarían ellas sus negocios e inversiones económicas.

Las elecciones presidenciales que pronto se darán en varios países latinoamericanos, serán otros escenarios para el pulso entre los dos bloques ideológicos que hay hoy en Hispanoamérica. Y ello, lamentablemente, quiere decir que la región seguirá en crisis a mediano plazo.

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