domingo 13 de diciembre de 2009 - 10:00 AM

Armas, imagen y propaganda, una mala combinación

Que en innumerables ocasiones el Estado toma determinaciones basado enteramente en la propaganda y la imagen que pueda tener frente a la opinión pública, en lugar de las exigencias de la realidad cotidiana, es una de esas verdades que deben soportar millones de colombianos con frecuencia.

La prohibición para el porte de armas en las fechas navideñas, sin importar que tengan salvoconducto, es apenas el ejemplo más reciente.

Y es el ejemplo más reciente, porque el consenso de la ciudadanía puede en principio aplaudir la medida. De hecho, suena muy bien para la gran mayoría, pensar en un fin de año en donde la paz, la tolerancia y la cordialidad sean la regla y no la excepción, como lamentablemente sucede en el resto del año.

Sin embargo, de aplicarle una dosis mínima de análisis a la política de desarme temporal, se deduce fácilmente que no es tan bonita como la pintan, así decirlo suene políticamente incorrecto.

Es que más allá del costo exagerado de los salvoconductos, que se pagan precisamente para poder portarlas, están las condiciones de seguridad de quienes realmente  necesitan tener un arma.

En otras palabras, los colombianos que requieren, para poner tan solo un ejemplo, visitar sus fincas donde la seguridad aún puede revestir algún riesgo, o quienes tienen problemas de seguridad dada su condición económica, pueden salir abiertamente perjudicados.

La razón es muy sencilla.

Durante la vigencia de la medida, los delincuentes de todo tipo  verán sin lugar a dudas una oportunidad de oro. De hecho, suena a verdad de Perogrullo, pero ellos no solo no acatan la disposición, sino que pueden valerse de ella para intensificar sus ataques, sabiendo de antemano que sus víctimas no podrán defenderse.

Y sí, es cierto que durante las fiestas hay quienes utilizan su arma amparada por la ley para comportarse irresponsablemente, la gran mayoría de las veces influenciados por el alcohol. No obstante, las cifras no respaldan en esta oportunidad el plan de desarme navideño.

Entre el primero de enero y el seis de diciembre, la Policía ha capturado a 17.789 personas por portar armas ilegales y esa cifra representa apenas una fracción de las que aún circulan por las calles sin que la prohibición oficial les importe en lo más mínimo.

En síntesis, la determinación no afecta precisamente a quienes debería desarmar. A los miles de delincuentes y criminales que, hay que insistir, se pueden ver incluso beneficiados para alcanzar sus fines ilícitos.

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