domingo 20 de junio de 2021 - 12:00 AM

Bienvenida la comunidad educativa a sus labores presenciales

La deserción escolar, la mala calidad de la educación y el menor acceso a ella se refleja en los índices de pobreza y todo esto ha estado ocurriendo desde que se suspendió la asistencia de los estudiantes a sus colegios.
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La pandemia que vivimos ha causado desastres en todas las actividades humanas alrededor del mundo y con mayor fuerza en los países menos desarrollados. Algunas de las actividades golpeadas podrán recuperarse en un plazo relativamente corto, otras en un tiempo medianamente amplio, pero hay unas que tendrán que medirse casi en generaciones hasta que puedan regresar al estado en que se encontraban antes de diciembre de 2019. Una de estas, sin duda, es la actividad educativa, severamente afectada por los confinamientos iniciales y luego por la virtualidad que parecía interminable y que ahora, por determinación del gobierno, llega a su fin.

En efecto, el Ministerio de Educación ha comunicado su determinación de que todas las instituciones educativas del país, tanto públicas como privadas, deberán retomar clases presenciales después de vacaciones, observando los lineamientos que la misma cartera dio a conocer. Y aunque esto cause temor en algunos docentes, directivos, alumnos o padres de familia, hay que entender que cada semestre que continuáramos en la no presencialidad, ya no solamente estaríamos profundizando la brecha entre la educación pública y la privada, sino que estaríamos empobreciendo más al país, al bajar drásticamente el nivel educativo de millones de niños y jóvenes, lo que también repercute, obviamente, en el nivel de desarrollo general en Colombia.

Al respecto de esto, a finales del año pasado el Banco Mundial divulgó cifras sinceramente preocupantes sobre las consecuencias que la pandemia ha tenido sobre la educación y aseguró que “debido a ella, podría aumentar del 53% al 63% el porcentaje de niños en edad de asistir a la escuela primaria de los países de ingreso bajo y mediano que se ven afectados por la pobreza de aprendizajes, y esta generación de estudiantes podría perder alrededor de USD 10 billones en ingresos generados a lo largo de toda la vida, monto equivalente a casi el 10% del producto interno bruto (PIB) mundial”.

En otras palabras, la deserción escolar, la mala calidad de la educación y el menor acceso a ella se refleja en los índices de pobreza y todo esto ha estado ocurriendo desde que se suspendió la asistencia de los estudiantes a sus colegios. Por eso es plausible la decisión del Gobierno y con la obvia recomendación de que la comunidad educativa en pleno esté vacunada y observe estrictamente los protocolos de protección contra el COVID-19, no podemos menos que resaltar y saludar con optimismo el regreso a las aulas escolares.

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