domingo 23 de junio de 2019 - 12:00 AM

Bucaramanga, la única que pierde

Bucaramanga es mucho más que esta pugna de poderes y no merece lo que está viviendo.

Bucaramanga atravesó esta semana por una crisis institucional sin precedentes. Todo fue caos e incertidumbre ante la pugna entre Rodolfo Hernández y Germán Torres Prieto, por quién debía ocupar la silla de alcalde. Una tutela que retornó a la Alcaldía a Hernández, hoy suspendido por la Procuraduría, y que luego anuló el mismo juez que la emitió, lo que permitió a Torres a volver a su encargo por un par de horas, llevó a que Hernández y Torres se enfrentaran en una feroz pugna por quién debía estar a la cabeza de Bucaramanga. Fuertes señalamientos, amenazas de entrada o salida de asesores y una total incertidumbre frente a lo que vendría fue lo que vivimos los bumangueses. Un hecho insólito, indignante, por momentos desesperanzador, pero sobre todo preocupante, porque en esta pugna de poder por la ciudad solo hay un grandísimo perdedor: Bucaramanga.

Todos tienen responsabilidad en este deprimente capítulo. El alcalde Rodolfo Hernández, pues fue su actuar grosero y violento el que generó que la Procuraduría le abriera una investigación por golpear al concejal John Claro, lo que inició este caos. Esta experiencia debiera haber sido suficiente para hacerle entender que la afrenta grosera jamás será una vía válida en la administración.

El gobernador Didier Tavera, pues desde un principio sabía que Germán Torres no representaba al movimiento de la Lógica, la Ética y la Estética y que sus intereses no son los de la administración Hernández. Y aún así lo designó. Su deber legal era encargar a alguien de la misma línea del Alcalde para preservar el Plan de Desarrollo, pero muy por el contrario, no solo designó a un funcionario que no comulga con la política de Hernández, sino que hoy es su abierto contradictor.

Es responsable Germán Torres, alcalde designado, pues aún siguen sin ser satisfactorias sus explicaciones de por qué si su encargo es por un periodo cercano a un mes, ha realizado actuaciones a todas luces inexplicables, como pedir renuncias colectivas, no solo en la alcaldía sino en otros entes como Metrolínea, y traer asesores contradictores de la administración Hernández y de los que no queda clara su intención de vinculación. Son muy graves además las denuncias hechas por el jefe de Gabinete, Manuel Francisco Azuero, de que en los cortos 10 días en que Torres Prieto estuvo al frente, habría recomendado hojas de vida, solicitado puestos y cambiado representantes del gobierno en entes que manejan presupuesto. ¡Gravísimo! Eso significaría volver al manejo politiquero y amañado de la alcaldía que tanto esfuerzo ha costado a la ciudad erradicar.

La Procuraduría General, pues las demoras en sus decisiones y los yerros en las mismas han prologando una suspensión temporal sin que se sepa aún cuál será su decisión final frente a la falta cometida por el alcalde Hernández.

Y en esta gran discusión está Bucaramanga, la única que pierde, pues hoy tiene una imagen nacional de caos que no se compadece con los esfuerzos de empresarios y trabajadores de sacarla adelante. ¿Qué inversionista se anima a llegar a una ciudad con semejante inestabilidad administrativa? Bucaramanga es mucho más que esta pugna de poderes y no merece lo que está viviendo.

Es hora de llamar a la cordura y de que los ciudadanos abran muy bien los ojos. No podemos permitir que nuestra capital siga en esta incertidumbre y mucho menos que se convierta de nuevo en el botín que se ansían repartir los corruptos.

Editorial
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