miércoles 12 de febrero de 2020 - 12:00 AM

Bucaramanga, una isla de calor cada vez menos saludable

La falta de compromiso con el medio ambiente de las administraciones locales, sumado a la elaboración de proyectos nada amigables con el espacio urbano, el desaforado crecimiento de la ciudad y la ejecución de algunas obras públicas son razones primordiales para que estemos hoy sometidos a un hábitat primordialmente hostil.
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No son cien, ni mil, son más de cien mil los árboles que están haciendo falta en Bucaramanga, según los estándares internacionales establecidos, entre otros, por la Organización Mundial de la Salud. La ciudad, que en la segunda mitad del siglo pasado se destacaba precisamente por su arborización y por el cuidado de decenas de parques con suficientes y decoradas zonas verdes y jardines, es hoy un terreno endurecido por el cemento y el concreto, lo cual causa no solamente un desalentador aspecto, sino graves consecuencias de índole ambiental con afectaciones a la salud de todos los ciudadanos.

La falta de compromiso con el medio ambiente de las administraciones locales, sumado a la elaboración de proyectos nada amigables con el espacio urbano, el desaforado crecimiento de la ciudad y la ejecución de algunas obras públicas son razones primordiales para que estemos hoy sometidos a un hábitat primordialmente hostil. Nos faltan tres veces más árboles de los que aún se mantienen en pie, no sabemos en qué tan saludables condiciones. La OMS recomienda nueve individuos arbóreos por cada habitante y solo tenemos tres. En cifras más concretas, la ciudad tiene hoy, según datos oficiales, 55 mil 136 árboles, cuando debería contar con más de 176 mil y si consideramos que lo que se ve no es que estemos, ni como sociedad, ni como gobierno, dedicados a la solución de este problema, lo previsible es que a corto y hasta mediano plazo aumente el ritmo de decrecimiento del arbolado público. En otras palabras, seguimos caminando hacia un desastre ecológico urbano mucho mayor cada año.

En esta situación también han intervenido los contratistas de obras públicas, como el tercer carril y los intercambiadores recientemente construidos en Bucaramanga, que incumplieron con la obligatoria reposición de árboles que, de todas maneras, se hace a kilómetros de distancia de los lugares de proyectos, como la Puerta del Sol, que pasan del verde vegetal al negro asfalto.

Nos quedamos sin árboles y por esto sufrimos, atrapados en una isla de calor, nos ahogamos con un aire cada vez más sucio, quedamos más expuestos a los nocivos efectos de la radiación ultravioleta.

El AMB y el alcalde Juan Carlos Cárdenas tienen en sus manos hacerle frente a este grave problema, que requiere al mismo tiempo de acciones inmediatas y soluciones de largo plazo, para proteger el medio ambiente y la salud de los bumangueses de esta y las próximas generaciones.

editorial
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