jueves 01 de octubre de 2009 - 10:00 AM

Cárcel para ebrios no es suficiente

Hace pocas semanas, el país aplaudió el endurecimiento de las leyes que castigan a quienes sean detenidos conduciendo en estado de ebriedad. Las penalidades, que incluyen hasta la cárcel a quienes manejando borrachos causen la muerte a otros, así como multas de un millón de pesos para quienes cometan ese delito, no solo eran necesarias, sino que deberían servir para enviar un mensaje fuerte y claro a quienes insisten en jugar con sus vidas y las de los demás.

Pero lamentablemente, todo parece indicar que esos nuevos correctivos no son suficientes para detener los estragos y parar las tragedias que a diario se ven en las calles.

Tan solo en los últimos diez días, dos motociclistas murieron en las vías de la ciudad por cuenta de la imprudencia de conductores de vehículos pesados, quienes en un alto porcentaje tienen el firme convencimiento de que es el tamaño de la máquina y no las normas de tránsito, el que dicta la prioridad de la vía.

En otras palabras, para todos aquellos que piensan que la ley del más grande es la única válida para el funcionamiento del tráfico, así como quienes consideran que las normas de tránsito se hicieron para violarlas a conveniencia, las penas y las multas también deberían agravarse.

Es que no hay derecho a que una familia pierda a un padre, una madre o un hijo por cuenta de alguien que sin la más mínima prudencia y creyéndose por encima de los demás, ignora un semáforo en rojo o una señal de pare y causa un accidente mortal.

Así mismo, todos esos conductores que visten de luto las carreteras del país con una frecuencia cada vez más alta por cuenta del exceso de velocidad, deberían pagar con la privación de la libertad su irresponsabilidad con la vida que los demás ponen a su cargo.

En los últimos tiempos, las discusiones y las culpas de los accidentes que a diario se repiten en las calles, han caído principalmente sobre los motociclistas. Si bien la temeridad y la imprudencia que caracteriza a muchos de ellos no se puede desconocer, tampoco puede ignorarse que los demás vehículos y particularmente los buses y camiones también se destacan por su irreflexión y es ahí donde las leyes están en mora de atacar el problema.

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