miércoles 29 de enero de 2020 - 12:00 AM

Caso Merlano: el símbolo de todo lo que no se hace bien

El caso de Aída Merlano solo ha traído vergüenza... dejó en evidencia la vulnerabilidad de la Justicia, y ahora el Gobierno luce ingenuo con su pedido de extradición a Guaidó.
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El día en que la Corte Suprema de Justicia ordenó la captura de Aída Merlano, el 6 de abril de 2018, o cuando la condenó a 15 años por concierto para delinquir agravado, corrupción al sufragante y tenencia ilegal de armas, ligados a una red de compra de votos, era difícil imaginar hasta dónde iba a llegar en el país la historia de esta mujer, que alcanzó una curul en el Congreso gracias a lo más bajo de la corrupción política y que guarda en su memoria inconfesables secretos de una clase política y una región que desde hace décadas ha llevado la corrupción a niveles de fábula.

Solo 15 días después de condenada, Merlano se burló de la justicia y del Gobierno, al escapar de sus guardianes en una operación que dejó al desnudo la incapacidad del Inpec para cumplir con sus funciones. La excongresista desapareció mientras se realizaba un diseño de sonrisa en un consultorio, en el que además la esperaban sus hijos. Tras darle un abrazo de buena suerte, la excongresista escapó por la ventana y huyó en una motocicleta. Ahora venimos a saber que atravesó medio país y cruzó la frontera hacia Venezuela, sin que ningún cuerpo de investigación o de policía fuera capaz de detectarla. Si nos enteramos finalmente de su paradero, fue porque las Fuerzas de Acciones Especiales (Faes) del vecino país la detuvieron en Maracaibo, una ciudad que está a dos horas de la frontera colombiana.

Pero si hasta aquí las instituciones encargadas de investigar, perseguir y capturar a los delincuentes habían mostrado una y otra vez sus falencias, lo actuado ayer por el mismo Gobierno Central traspasa toda lógica. El caso Merlano puso en total evidencia el sinsentido en que se encuentran las relaciones de Colombia con Venezuela. La prófuga posiblemente se quedará en ese país, porque el gobierno de Iván Duque, en aras de mantener la coherencia de su apoyo a Juan Guaidó y el desconocimiento a Nicolás Maduro, se enfrentó a la absurda decisión de solicitar a Guaidó, un hombre sin poder real alguno, la extradición de la excongresista, cosa en la que, según los expertos, falló también la canciller Blum, pues era incluso más coherente solicitar la deportación.

En pocas palabras, el caso de Aída Merlano solo ha traído vergüenza para la clase política de la costa, por lo que ella representa, para la Justicia, pues dejó en evidencia su vulnerabilidad, y además de haberla capturado y condenado, no logró ni que destapara los alcances de la corrupción electoral ni que purgara su condena. Y ahora al Gobierno, que luce ingenuo con su pedido a Guaidó. Seguramente Nicolás Maduro aprovechará la circunstancia para relanzar sus campañas panfletarias contra nuestro Presidente.

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