lunes 24 de febrero de 2020 - 12:00 AM

Cero tolerancia frente a la xenofobia

El xenófobo es un individuo que arbitrariamente desconoce al otro o lo desprecia, suponiendo para sí mismo una condición de superioridad que únicamente se expresa en los asuntos materiales, pero que no tiene razón de ser en la condición humana, por la que todos somos iguales.
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Desagrado, indignación y sobre todo rechazo, fue lo que expresó la gran mayoría del país hace unos días al conocer el video en el que una mujer, en Bogotá, insulta y expresa su desprecio por dos venezolanos. En los peores términos esta señora agrede verbalmente a la pareja de extranjeros, mientras manifiesta su agresividad y su xenofobia, una especie de disfunción social que en la historia de la humanidad ha causado horrores y tragedias.

Comenzando por el holocausto nazi contra las demás razas, pero particularmente contra el pueblo judío y pasando irónicamente por el actual cerco del Estado de Israel a la Nación palestina; las decenas de miles de muertes que cada año se contabilizan en el mediterráneo por el rechazo de los países costeros hacia los inmigrantes negros que buscan una mejor vida en Europa; o, en Latinoamérica, el repudio que República Dominicana desarrolló por sus vecinos haitianos durante la dictadura de Leonidas Trujillo, cuando habrían sido asesinado cuando menos 15 mil de ellos, por citar cuatro entre miles de hechos en la historia de la humanidad.

El xenófobo es un individuo que arbitrariamente desconoce al otro o lo desprecia, suponiendo para sí mismo una condición de superioridad que únicamente se expresa en los asuntos materiales, pero que no tiene razón de ser en la condición humana, por la que todos somos iguales. Esa negación del otro es lo que causa la discriminación y de la discriminación, siempre injusta, deriva toda clase de agresiones como las que, en nuestro caso, sufren quienes emigran de la República Bolivariana, bien sea con la intención de transitar hacia otros países, de radicarse en Colombia, o, simplemente, de regresar por sus pasos o los de sus mayores, quienes habían hecho lo mismo hacia Venezuela en los años de pobreza y violencia que vivimos hacia las décadas de los 70 y 80 especialmente.

Por eso es que Colombia no tiene la autoridad moral ni, por todo lo dicho ya, ninguna razón, de segregar a nuestros vecinos, cuando durante varias décadas acogieron y apoyaron a millones de los nuestros en su país. No se debe tolerar un solo gesto de xenofobia, por razones humanitarias, legales, incluso raciales y culturales, y menos con Venezuela, con el que hemos compartido una misma historia; además, tenemos la obligación de ser solidarios con un país que en tiempos recientes significó refugio y reivindicación para los colombianos y especialmente para los santandereanos.

editorial
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