jueves 05 de marzo de 2009 - 10:00 AM

Cierre de vías a destajo

En Bucaramanga cualquiera cierra las vías de la ciudad cuando quiere.

Las cierran en innumerables ocasiones los alféreces sin causa aparente; las cierran las empresas de servicios públicos, es decir, energía, agua y gas, cada una por su lado, para hacer reparaciones que jamás incluyen el reparcheo correspondiente; las cierran los contratistas de Metrolínea; las cierran los vendedores ambulantes y las cierran hasta los mismos ciudadanos en algunos barrios, si de jugar un partido de microfútbol se trata.

Incluso, todos los casos arriba mencionados tienen un denominador común. Y es que lo hacen con o sin permiso y mucho menos, con la elaboración previa de un plan coherente para aliviar las consecuencias.

De hecho, como si el listado anterior no fuera causa más que suficiente para explicar el caos en el tráfico que definitivamente se apoderó de la capital de los santandereanos, a los continuos y frecuentes bloqueos de las vías hay que sumarles los mal diseñados planes de desvíos, rutas alternas y contra flujos, que en las pocas ocasiones en que se aplican, no es raro que terminen incluso, empeorando la situación.

Situación que afecta de manera muy negativa a todos los bumangueses que salen de sus casas a diario, ya sea en carro particular, taxi o bus público, ya que todos sin excepción, son víctimas de los taponamientos del tráfico.

El grave problema, sin embargo, no parece afectar a las autoridades de tránsito y menos aún, a las municipales.

Es que si existiera una conciencia real de los costos en materia de bienestar personal, económico y hasta psíquico que causan los embotellamientos del tránsito, se tomarían más en serio lo que está sucediendo.

En las ciudades con direcciones de tránsito responsables y conocedoras del impacto perjudicial que tiene sobre cualquier población la incapacidad de transportarse eficientemente, los cierres de las vías no solo se restringen al máximo en la medida de lo posible mediante la exigencia de permisos por anticipado. También se aplican alrededor de los mismos, procedimientos de alivio sustentados por policías de tránsito conocedores de su labor y sobre todo, comprometidos con su cumplimiento.

Lamentablemente, poco o nada de ello se aplica por estas latitudes y las consecuencias no se han hecho esperar.

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