miércoles 06 de diciembre de 2023 - 12:00 AM

¿Cómo frenar la intolerancia?

Es imperativo que tanto en el gobierno como en la sociedad entendamos que eliminar las tendencias agresivas implica transformar la mentalidad de la sociedad. En lugar de simplemente castigar, debemos comprender las raíces de la agresión y abordarlas desde la raíz
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En las últimas semanas hemos denunciado hechos reiterativos de riñas callejeras en las que los involucrados se amenazan y se agreden con armas blancas, en un espectáculo que no solo preocupa por su potencial desenlace fatal, sino porque, penosamente, representa una de las constantes culturales de la cultura santandereana, y es esa reincidencia en la idea de que los problemas se enfrentan con violencia y de la peor clase. Estas riñas que comienzan entre dos personas y muchas veces terminan afectando a decenas de transeúntes, entre ellos niños y ancianos, casi nunca logran ser ni evitadas, ni controladas por la policía y mucho menos castigadas por la justicia.

Esta obvia imposibilidad de controlar los cientos o miles de riñas que ocurren en una ciudad como Bucaramanga, tiene que hacernos entender que la manera de enfrentar este fenómeno requiere un enfoque holístico, y es en la cultura y la educación ciudadana donde encontramos los recursos más efectivos y duraderos para construir una sociedad más armoniosa. La violencia y la agresión no surgen en el vacío, son el resultado de históricos y complejos factores que afectan a individuos y comunidades. Combatir estos comportamientos requiere más que simplemente aplicar medidas punitivas, es necesario abordar las raíces del problema y fomentar un cambio cultural.

La cultura, entendida como el conjunto de valores compartidos que definen una sociedad, permite reconocer que la forma en que las personas se relacionan entre sí y con su entorno, impacta directamente en la calidad de vida en una ciudad. Por su parte, la educación ciudadana tiene el poder de formar individuos y comunidades con capacidad de construir un tejido social pacífico y seguro, por eso, en culturas tan radicales como la nuestra y tan propensas a la agresividad y la intolerancia, como desgraciadamente pasa con la santandereana, la educación ciudadana debe ser parte esencial de la vida comunitaria, pues promueve el diálogo, la empatía y la resolución pacífica de conflictos.

Es imperativo que tanto en el gobierno como en la sociedad entendamos que eliminar las tendencias agresivas implica transformar la mentalidad de la sociedad. En lugar de simplemente castigar, debemos comprender las raíces de la agresión y abordarlas desde la raíz.

La cultura y la educación ciudadana actúan como antídotos contra la intolerancia, promueven la aceptación de la diversidad y construyen puentes entre individuos. Los santandereanos debemos entender que el que no está de acuerdo con nosotros no debe ser eliminado, sino comprendido, tolerado y respetado.

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