jueves 13 de diciembre de 2018 - 12:01 AM

Consumo de alcohol sin control

Casi una cuarta parte de nuestros niños y adolescentes está consumiendo alcohol con alguna regularidad, lo que nos indica una situación más que preocupante en lo que tiene que ver con el acompañamiento y la guía que se supone que los padres y docentes.

A juzgar por el informe publicado ayer en este diario, que encontró que en Santander el consumo de alcohol comienza a los 10 años o menos, tenemos que entender que este asunto está totalmente fuera del control de quienes tienen la obligación de ejercerlo.

Según los datos hallados, suministrados por entidades particulares, porque las cifras oficiales son muy pocas, en Bucaramanga el 15,4% de los menores que declararon a los investigadores haber consumido alcohol, lo hicieron antes de los 10 años.

Por otra parte, según la Secretaría de Salud de Bucaramanga, los adultos jóvenes, entre los 18 y 24 años, son los mayores consumidores de licor en Santander, y dentro de este grupo, el 19% de los consumidores son adolescentes.

En otras palabras, casi una cuarta parte de nuestros niños y adolescentes está consumiendo alcohol con alguna regularidad, lo que nos indica una situación más que preocupante en lo que tiene que ver con el acompañamiento y la guía que se supone que los padres y docentes deben ejercer con estos jóvenes que, precisamente por su corta edad y experiencia, son víctimas fáciles de quienes están interesados en hacerlos ávidos y consuetudinarios consumidores tanto de alcohol, como de sustancias psicoactivas.

Con un problema personal y social de esta magnitud y características, lo que hay que preguntarse no es qué está pasando en los hogares y los colegios, sino qué es lo que no está pasando allí. Los padres y los maestros, referentes de autoridad y consejo de los niños y adolescentes, están evidentemente ausentes, han perdido contacto con la nueva generación que está en sus manos, pues de ninguna otra forma se explica que registremos unos niveles tan altos de consumo de alcohol.

Y así como hogares e instituciones educativas deben reaccionar con urgencia, lo mismo debe hacer el Estado en todos sus niveles, pues la protección de la infancia y la adolescencia es una de sus más importantes responsabilidades y sin lugar a dudas la están desconociendo o, al menos, incumpliendo gravemente. No podemos seguir pasivos frente a una realidad presente y futura tan incierta como la que nos insinúan los datos sobre alcoholismo en nuestra sociedad.

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