domingo 27 de diciembre de 2009 - 10:00 AM

Contratistas: un acto de contrición para 2010

Este 2009 próximo a llegar a su fin, no les dejó una buena imagen a los colombianos en lo que a obras públicas se refiere.

Ese retrato del año es particularmente negativo para los santandereanos que viven en Bucaramanga y el área metropolitana, quienes durante estos doce meses fueron las víctimas predilectas de una cascada de anomalías.

Sí, anomalías que van desde el desorden absoluto, el retraso exagerado y la improvisación total en la construcción de obras de alto impacto como Metrolínea, hasta la desidia desmedida en otras que no se han iniciado a pesar de ser imprescindibles como el puente de Flandes que comunica a Bucaramanga con Girón, el aeropuerto y Barrancabermeja.

Las consecuencias de ese largo            listado de equivocaciones, errores y desaciertos, se ha traducido en toda clase de abusos contra la ciudadanía, que ha debido soportar interminables horas de tráfico caótico, así como sobrecostos ostensibles, sobre todo para los transportadores.

Así las cosas, la situación, que no ha mejorado a pesar de los gritos de indignación de la comunidad ante las autoridades, que hay que decirlo, permanecen aturdidas entre la impotencia y la apatía, depende, para su posible solución, de una ironía.

Es que ante la falta de autoridad crónica y la escasez de controles de cumplimiento mínimos, a menos que sean los mismos contratistas quienes por voluntad propia decidan efectuar su trabajo en los términos, con la calidad y dentro del tiempo establecido, este año estará condenado a repetirse durante el 2010.

En otras palabras y por utópico y sarcástico que pueda sonar, si en esta época de reflexión quienes deberán ejecutar las obras del próximo año no realizan un ejercicio de contrición para reconocer pero sobre todo para no repetir sus abusos, el tema será de nunca acabar.

Para 2010, obras como el viaducto de la novena, así como la construcción de puentes por toda la ciudad y la ampliación de la vía a Cúcuta, volverán a afectar el desarrollo normal de las actividades cotidianas y productivas de la urbe. Por esa razón, de volver a caer contratistas y autoridades en las mismas equivocaciones y desaciertos, el descontento y la indignación ciudadanas pueden tornarse explosivos.

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