jueves 06 de noviembre de 2008 - 10:00 AM

Cuando los partidos sí funcionan…

Sobre las elecciones en los Estados Unidos que ya dieron como ganador luego de una votación histórica al primer afrodecendiente Barack Obama, es mucho lo que se ha dicho, escrito y analizado.

Tanto la manera como se presentó el hoy triunfador al electorado, así como el mensaje de su campaña, las promesas que hizo, las grandes dificultades que le esperan y hasta su influencia para Latinoamérica y más concretamente Colombia, han sido y serán objeto de estudio por parte de los expertos en el futuro cercano.

Sin embargo, hay un gran tema, una gran lección si se quiere poner en esos términos, que deja la campaña electoral estadounidense y que poco ha sido comentada por los analistas. Se trata del papel preponderante que jugaron los partidos políticos en el debate electoral.

Es que a diferencia de Colombia, en Estados Unidos las colectividades políticas sí cumplieron, junto a los candidatos claro está, un papel esencial.
En otras palabras, consumaron su misión de servir como vasos comunicantes entre la ciudadanía y la dirigencia, a diferencia de lo que lamentablemente ha venido ocurriendo en Colombia.

Sí. En el país del norte cada partido expuso sus soluciones programáticas respaldadas por su ideología, a los diferentes problemas que aquejan a esa nación.
Caso totalmente opuesto sucede en Colombia, donde los partidos, con una tímida excepción del liberalismo de los últimos tiempos, se han convertido en simples vehículos electorales sin ideología o característica alguna, de los cuales se aprovechan políticos con pocos escrúpulos en materia burocrática y electorera para hacerse elegir.

Las propuestas, las ideas y los principios, entonces, han sido relegados a un tercer plano y las consecuencias, como era de esperarse, no se han demorado en llegar.

Es por esa razón que acá, innumerables políticos se han incluso alejado de las colectividades tradicionales para montar sus propias organizaciones o grupúsculos partidistas, sus propias empresas electoreras que se acomodan según sus conveniencias, sin importar las necesidades reales del país a la hora de la toma de decisiones.

Más allá del resultado en los Estados Unidos, Colombia y sobre todo sus partidos políticos deberían tomar nota de lo sucedido para corregir una cantidad de vicios locales que han llegado incluso a poner el sistema democrático contra las cuerdas.   

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