jueves 05 de mayo de 2022 - 12:00 AM

Cuidar el medio ambiente metropolitano, significa un mejor futuro para todos

Han causado a cada uno de los municipios afectados, daños gigantescos especialmente en el campo ecológico porque terminan convertidos en una gran maquinaria depredadora del medio ambiente, que arrasan los árboles, contaminan las fuentes de agua, debilitan terrenos ya determinados como deleznables...

La clase política tanto de Bucaramanga como de los demás municipios del área metropolitana, sobre todo la que ha decidido apelar a la corrupción como medio de sostenerse en el poder, debe responder como principal causante del crecimiento urbanístico ilegal en zonas de alto riesgo y en reservas forestales de los cuatro municipios, causando múltiples daños a los sitios que se van invadiendo, tanto con construcciones paupérrimas, como con edificios de varios pisos, por personas que se atreven a desarrollar estas actividades ilegales porque tienen establecidos los sistemas para garantizar su impunidad, o simplemente porque saben que la mayor probabilidad es la de no ser detectados a tiempo por las autoridades.

Así, lenta pero permanentemente, los urbanizadores piratas y otras personas que ven en los cerros orientales de Bucaramanga, y en tantas otras zonas de riesgo o de reserva en el área metropolitana, la oportunidad de hacer ganancias rápidas gracias a gente incauta o controles insuficientes, han causado a cada uno de los municipios afectados, daños gigantescos especialmente en el campo ecológico porque terminan convertidos en una gran maquinaria depredadora del medio ambiente, que arrasan los árboles, contaminan las fuentes de agua, debilitan terrenos ya determinados como deleznables, etc.

Y no solamente el fenómeno se va contra la naturaleza de manera contundente, sino que termina también por crear unas muy conflictivas realidades sociales, al desquiciar cualquier idea de desarrollo urbanístico ordenado y sostenible, pues propician la concentración de viviendas y familias en zonas desprovistas por completo de servicios públicos, o que significan inminente riesgo para la vida de las personas, o que no tienen proyección ninguna como centros urbanos, lo que, a la postre, conforma comunidades marginales, en pobreza extrema, altamente vulnerables y con muy escasas posibilidades de insertarse en los programas y servicios del Estado.

Se entiende que el problema es de muy difícil control por muchas razones, entre ellas el hecho de estar amparada esta conducta por políticos corruptos que sacan réditos electorales de estas situaciones, pero nunca debe despreciarse ningún esfuerzo que institucionalmente se haga por detectar y detener a tiempo este fenómeno, pues si se deja avanzar libremente, estaremos propiciando, por acción o por omisión, el crecimiento desordenado de toda al área metropolitana, lo que significa, de paso, desperdiciar una inmensa cantidad de nuestros recursos naturales, como la posibilidad de planificar para el futuro ciudades mucho más eficientes, seguras y productivas.

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