jueves 21 de enero de 2010 - 10:00 AM

Delirio y paranoia del nuevo socialismo frente a Haití

Si bien las críticas expuestas de manera torticera, como suele ser, por el presidente de Venezuela Hugo Chávez y de Nicaragua Daniel Ortega, contra la presencia militar norteamericana en Haití causaron contrariedad en el mundo por desatinadas e impertinentes, la sorpresa y el desagrado fueron aún mayores cuando Francia abordó el asunto de manera similar.

Sin duda, el liderazgo de Estados Unidos al acudir en auxilio de los haitianos ha sido respaldado por prácticamente el mundo entero, excepto por las expresiones oportunistas y demagógicas de Venezuela y Nicaragua, cuyos mandatarios, sin pena alguna, han dicho que el gobierno norteamericano quiere capitalizar un terremoto de consecuencias evidentemente catastróficas, para disimular una ocupación del asolado país.

Ortega, que es hoy mucho más parecido a lo que combatió que a lo que comandó en tiempos de la revolución sandinista, expresó textualmente el pasado fin de semana: "Se está manipulando un drama para instalar tropas norteamericanas en Haití, que ya han ido tomando el control militar del aeropuerto en Puerto Príncipe y esto es preocupante". Hugo Chávez, por su parte, ya había dicho prácticamente lo mismo: "quieren sacar provecho de un drama para ocupar militarmente Haití".

Nadie había dado más trámite que el de un nuevo delirio, a la declaración de los dos presidentes caribeños y la tosquedad del argumento no hizo que se desatendiera por más de un minuto la situación calamitosa de Haití, sumido en el dolor y la anarquía.

Sin embargo, cayeron como pedradas las palabras que día y medio después pronunciara el secretario de cooperación de Francia, Alain Joyandet, quien, al referirse al mismo tema expresó sin reparo alguno: "espero que se precisen las cosas sobre el papel de Estados Unidos", con lo que el funcionario cayó en esa retórica malsana que usa Chávez con la intención de disparatar la historia de Latinoamérica y así dio ámbito a la delirante idea de un acto clandestino de invasión a los ojos del mundo entero.

El secretario de defensa norteamericano, Robert Gates, aclaró que la ONU está al mando y ellos sólo dan apoyo. El presidente Sarkozy con su silencio desautorizó el desatino de su representante y mientras tanto el pueblo haitiano se derrumba sobre una onda terrible de anarquía y más muerte, producto del asalto famélico que resulta en la lucha sin cuartel por un mendrugo de pan o un vaso de agua, lo cual es una actitud tan explicable como peligrosa y que es preferible que sea regulada por alguna autoridad y no por la ley de la selva, que pareciera ser la fórmula que satisface la chata perspectiva política de los pretendidos representantes del nuevo socialismo.

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