miércoles 24 de febrero de 2010 - 10:00 AM

Despertar a la realidad será amargo

Embelesados en la puja electoral, en la suerte del referendo, en si se podrá lanzar o no –abiertamente- el Presidente Uribe en pos de un tercer mandato, inconformes con los decretos dictados en desarrollo de la Emergencia Social, la opinión pública y la prensa no han puesto atención a otros temas muy delicados que no pueden ya disfrazarse, ni aplazarse más. A mediados de año, cuando pase el alboroto de los comicios, ellos generarán los más encontrados comentarios y serán el centro de todo lo que ocurra en el país en el resto de 2010. Desafortunadamente, serán pesados como la resaca que da a quienes se exceden en el consumo de licor.  

Esa realidad, ahora en el congelador, se refiere a la severa reforma tributaria que debe tramitarse y aprobarse para buscarle solución al inmenso déficit fiscal que tenemos, ese que han advertido con tanto énfasis y preocupación desde hace varios años expertos en economía, voces que el país –desafortunadamente- no ha  escuchado. Pero ya no puede seguirlas ignorando.

Y dicha reforma, ¿sobre quiénes recaerá fundamentalmente? ¿Sobre los cansados y cargados hombros de los sectores medios de la población, los trabajadores independientes, los profesionales, los empleados? Es decir, ¿seguirá el Estado siendo financiado por quiénes no resisten ya más gravámenes? Y, ¿a aquellos que gozan hoy de un tratamiento fiscal privilegiado por ser beneficiarios de subvenciones tributarias, exenciones y acuerdos específicos sobre gravámenes, en qué medida les afectará dicha reforma?

¿Qué camino encontrará la crisis del sistema de salud, después del rechazo y las objeciones que todos los sectores de la comunidad han expresado frente a las soluciones implantadas por el gobierno? ¿En qué medida afectará tal problema el bolsillo de los colombianos del común?

Hace cerca de 20 años se cambió el modelo de desarrollo económico. Llegaron la apertura comercial, la flexibilización laboral, se privatizó la administración de los servicios sociales. En ese momento los defensores del libre mercado, entusiasmados, decían que tales medidas reducirían el desempleo y aumentarían la ocupación formal. La realidad hoy es otra. El desempleo es uno de los más altos de América Latina y la informalidad ha llegado a proporciones nunca alcanzadas con anterioridad.

¿Qué soluciones eficaces se plantean para solucionar tan grave problema?

¿Se seguirá insistiendo en una política monetaria que le da prioridad a la inflación frente a cualquier otro objetivo? ¿Qué consecuencias traerá ello en un país que tiene una estructura industrial de baja complejidad tecnológica y un débil mercado interno? ¿Qué medidas macroeconómicas certeras se adoptarán para darle prioridad a la producción y al empleo? ¿Se insistirá en el modelo actual, pese a las grietas que tiene?

Esos son algunos de los interrogantes que se deben resolver después de elecciones, quede quien quede de Presidente. Y de la respuesta se deducirá cuál será nuestro futuro. En tanto, sigamos haciendo cábalas electorales.

 

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