viernes 25 de septiembre de 2009 - 10:00 AM

Dos ‘perlas’ que dejan mucho qué desear

El acta de las sesiones plenarias de cada una de las Cámaras que conforman el Congreso es un documento fundamental pues es la historia escrita y el recuento resumido de las deliberaciones que en su seno hubo. Además, es el medio de prueba válido y eficaz de cuántos votos obtuvo cada decisión adoptada.  

¿Por qué debe haber un acta de cada sesión de las Cámaras Legislativas? Para que quede prueba escrita de ella que demuestre si hubo o no una verdadera sesión plenaria, si ella se sujetó a las prescripciones reglamentarias y legales y si cada decisión se tomó o no con el número de votos que la Ley exige.

Es decir, ella no es un documento cualquiera, ni una simple formalidad. Es algo sustancial que se debe redactar y aprobar oportunamente y luego ser  firmada por quienes presidieron la reunión y el respectivo secretario.

El 16 de diciembre de 2008, casi a la media noche, el gobierno convocó a sesiones extras a la Cámara de Representantes para que se ocupara de un  tema: el referendo. Tal acto, según muchos intérpretes, tiene irregularidades y vicios de nulidad. Luego el acta de dicha sesión es fundamental para establecer si ella se sujetó a las prescripciones legales y si la decisión adoptada reunió el número de votos que exigen la Ley y el reglamento.

¿Cuándo se ha debido redactar ella? En los días subsiguientes. ¿Cuándo debió someterse a aprobación de la plenaria? En una de las sesiones celebradas en 2009, entre el 16 de marzo y el 20 de junio, entre el 20 de julio y el 18 de septiembre. Es decir, a lo largo de un amplio espacio de tiempo.

¿Puede justificarse que sobre un tema tan espinoso, sobre el que miles de entendidos han hecho tantas críticas y sostenido que tiene numerosos vicios de nulidad e irregularidades los congresistas afectos al Presidente y el alto gobierno no se hayan dado cuenta que de tal sesión no había acta aprobada que demostrara lo que en ella ocurrió y se decidió?

Ahora, a raíz de que la Corte Constitucional advirtió su falta, precipitadamente el ministro del Interior y los congresistas afectos al gobierno tratan de empañetar su torpeza haciendo aprobar un acta, más de nueve meses después de haberse celebrado tal sesión extra de la Cámara.

Así no haya ley alguna que limite en el tiempo la aprobación de un acta, lo sucedido demuestra plenamente el rosario de improvisaciones e irregularidades que ha habido en torno a algo que exige ser demasiado transparente, el referendo.

Y como si fuera poco, Luis Guillermo Giraldo exige ahora, más de un año después de entregar las cuentas del comité promotor del referendo, que se las devuelvan porque quedaron mal hechas y debe hacerle ajustes.

Estamos en América Latina, región dónde no importa cómo se hagan las cosas, en la que hay más de una 'banana republic'.

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