miércoles 21 de abril de 2010 - 10:00 AM

Educación y conciencia en las vías

Es importante en este espacio hacer mención del esfuerzo que en esta semana se hace en la ciudad de Bucaramanga, para contener el efecto trágico que tiene para una comunidad la presencia de personas embriagadas al voalnte de los vehículos, sobre todo, días después de que en esa ciudad un funcionario del gabinete municipal arrollara a tres pequeñas niñas y una mujer, mientras conducía ebrio.

En el caso de Bucaramanga, las autoridades de tránsito, solamente en los operativos del fin de semana, las autoridades detectaron a 23 personas que circulaban por las calles en grados medios y alto de alicoramiento. El problema se hace muy inquietante cuando se asume que el número de sancionados no cubre sino una parte de la cantidad de conductores ebrios que, en especial durante los fines de semana, circulan por las calles de cualquier ciudad, convertidos en silenciosa y mortal amenaza.

Hacen bien las autoridades de tránsito redoblando sus esfuerzos en procura de contener este grave peligro para la integridad y la vida de la comunidad en general. Toda acción que se adelante en este sentido, siempre será reconocida por la ciudad, pero lo verdaderamente deseable es que el empeño no quede limitado a acciones puntuales en ciertas horas y lugares de la ciudad, sino que pueda ampliarse hasta que el indeseable fenómeno sea neutralizado definitivamente o, al menos, reducido a su mínima proporción.

Para esto, claro está, se requiere del compromiso de las administraciones municipales que deben respaldar con partidas suficientes, el equipamiento y demás necesidades de orden administrativo que implique un esfuerzo de estas características.

Pero, más allá de eso, es imprescindible e inaplazable, si se quiere llegar a una verdadera superación del fenómeno, que se piense y se financie una eficaz y sostenida campaña tendiente a proveer educación y concientización a los conductores actuales, pero, sobre todo, a los jóvenes y niños que en un futuro tomarán esta responsabilidad en sus manos.

Además del necesario castigo a la conducta ilegal cuando esta se presenta, sería vital para la sociedad, que se pueda inculcar en las diferentes generaciones los parámetros técnicos, morales y culturales necesarios para que el cambio de actitud frente al volante se convierta en una constante y no en simples episodios coyunturales.

Silos conductores terminan por entender que sus vehículos son elementos altamente peligrosos, y que sus buenas maneras en la conducción provocan la respuesta amable de quienes comparten la vía, es muy posible que se reduzcan los accidentes y la fatalidad en las vías de la ciudad, durante varios años y, en ese caso, cualquier inversión inicial, habrá tenido sobrados beneficios para todos.

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