viernes 05 de julio de 2019 - 12:00 AM

El agudo atraso vial del oriente colombiano

El lugar secundario en que está la Colombia de la margen oriental del río Magdalena habla mal de los gobiernos nacionales que ha habido, que han relegado a un plano secundario a más de medio país a la hora de destinar partidas para el desarrollo de la red vial

Por enésima vez, en los últimos 60 y más años, es noticia el gran número de problemas de diversa índole que presenta la carretera que une a Bogotá con Villavicencio y los Llanos Orientales. La causa es la poca estabilidad de la montaña por cuya ladera se trazó tal vía.

Su cierre puede durar más de tres meses, por lo que el país ha vuelto su mirada sobre las llamadas vías alternas a dicho carreteable y ha hecho rememorar el desastre ocurrido hace 45 años en ese sector, en Quebradablanca, cuando un derrumbe sepultó para siempre a vehículos y cerca de 500 seres humanos que se desplazaban hacia Villavicencio.

Hoy los colombianos se han percatado que aunque debieran existir carreteras alternas en buen estado de conservación, lo que hay en Cundinamarca, Boyacá, Casanare y Meta con tal denominación son caminos en pésimas condiciones de conservación, con pobres especificaciones técnicas, que hacen que viajar entre estas dos ciudades sea un vía crucis de cerca de 14 horas por peligrosas trochas. Y por ellas se está movilizando gran parte de la economía nacional.

¿Acaso la carretera del Sisga, una de dichas vías alternas, o la de Sogamoso, Aguazul, Aguaclara, Cumural, Villavicencio, que es la otra, son los únicos carreteables en deplorable estado en el oriente colombiano? No, así está la mayoría de las vías que conectan a todo el oriente con el resto de país, los puertos y los epicentros de la economía y de la vida política nacional.

El estado de abandono de las carreteras de Santander, Norte de Santander, Cesar, Boyacá, Casanare, Arauca y Meta impacta; por ellas, obligatoriamente, se movilizan millones de colombianos y parte importante de los bienes y productos que tienen significativo peso en las cifras económicas nacionales.

El lugar secundario en que está la Colombia de la margen oriental del río Magdalena habla mal de los gobiernos nacionales que ha habido, que han relegado a un plano secundario a más de medio país a la hora de destinar partidas para el desarrollo de la red vial, concentrando esfuerzos y recursos en la conexión del occidente y los centros citadinos principales de nuestra vida política y económica, Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla. En tanto, con tales desigualdades, seguimos adentrándonos en el siglo XXI.

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