miércoles 17 de noviembre de 2021 - 12:00 AM

El Archipiélago de San Andrés sigue abandonado por el país continental

Estamos simplemente ante un precedente vergonzoso con nuestros compatriotas de estas remotas islas, frente a quienes seguimos acumulando una deuda histórica incalculable por el abandono en el que siempre han vivido.
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Cuando, dentro de un mes y medio, termine el año, los habitantes del Archipiélago de San Andrés, especialmente quienes residen en Providencia, tendrán poco que celebrar, como no sea el hecho de estar vivos y de tener a su alcance la belleza formidable del cielo estrellado sobre su mar multicolor. En esos días del fin del año se habrá cuadruplicado el plazo de 100 días que se fijó a sí mismo el presidente Iván Duque para recuperar todo lo que el huracán Iota se llevó el 16 de noviembre de 2020 y que sumó esta a la desgracia en que el coronavirus sumió al mundo.

Aunque la fecha límite que marcó el mandatario acusaba evidente ingenuidad y se sabía que no era posible su cumplimiento, sí pudo valer por lo que contenía de simbólico el anuncio y producir un intenso esfuerzo de la Administración Central por acelerar al máximo los trabajos y, si no se cumplía en ese corto lapso, al menos cuando se llegara a ese límite, se podría mostrar un resultado satisfactorio, sobre todo considerando que en Providencia el 99% de lo que estaba en pie sucumbió ante los 259 kms por hora de velocidad del huracán.

Pero hoy, según la Procuraduría General de la Nación, el avance de los trabajos de recuperación del Archipiélago solo alcanza el 7%, un resultado catastrófico no solo para el gobierno de Iván Duque, sino para los residentes de estas islas que se hunden cada día más en una crisis sin precedentes, que había iniciado con la pandemia y que, cuando el país daba sus primeros pasos hacia la reactivación, se agravó como consecuencia del fenómeno natural que los dejó literalmente arrasados a todos.

La tragedia económica que causó el Huracán Iota y la lentitud insólita con la que el Estado ha actuado en el caso, nos ponen de cara a una realidad hoy más innegable que nunca y es que el país continental ha dejado por décadas en el abandono al Archipiélago; poco le interesa, poco le duele, poco mueve de lo que debió ser hace un año, una irrestricta solidaridad nacional con una comunidad que perdió el 99% de sus edificaciones, en palabras del propio presidente de la República. Estamos simplemente ante un precedente vergonzoso con nuestros compatriotas de estas remotas islas, frente a quienes seguimos acumulando una deuda histórica incalculable por el abandono en el que siempre han vivido.

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