lunes 27 de mayo de 2019 - 12:00 AM

El aumento del robo de automotores

Mientras haya laxitud en la oferta de autopartes y ciudadanos con un código de conducta maloliente, seguirá siendo próspero este delito que mueve cerca de un billón de pesos al año.

Datos difundidos recientemente ponen de nuevo en lugar destacado de las noticias la florescencia de un delito que desde hace cerca de 70 años ocurre en Colombia, en proporción que genera inquietud y lesiona agudamente tanto la economía familiar, como la del sector asegurador: el hurto agravado o robo de vehículos automotores. Este ilícito comenzó a ser masivo en nuestras ciudades desde los años 50 del siglo XX y, de entonces a ahora, pese a los anuncios de las autoridades sobre su represión, ha aumentado en proporción significativa, se ha tecnificado en forma alarmante y actualmente es llevado a cabo por una sólida y compleja cadena de maleantes que en cada eslabón tiene delincuentes especializados en la sustracción de vehículos, otros en guardar en sitios especiales lo hurtado, otros en desguazarlos, otros en vender sus autopartes, otros en llevar a terceros países autopartes y automotores de alta gama que han sido robados.

Desde hace décadas se sabe que la médula espinal del hurto de vehículos es la venta de autopartes a través de comerciantes que ante los ojos de la comunidad posan de respetables, éticos, honestos y por debajo de la mesa forman parte de redes de sucios delincuentes. Mientras no se ponga “entre palos” a ese eslabón de tal cadena, los autores y partícipes de este reato seguirán campeando.

Nuestras autoridades no han logrado ejercer severo control y vigilancia sobre tal rama del comercio y, así, mezcladas con autopartes legalmente adquiridas, se ofrecen al público a precios favorables autopartes de vehículos robados y muchos ciudadanos los compran, pese a sospechar cuál es su procedencia, mutando en pilar fundamental de la comisión de dicho ilícito.

Mientras haya laxitud en la oferta de autopartes y ciudadanos con un código de conducta maloliente, seguirá siendo próspero este delito que mueve cerca de un billón de pesos al año, es decir, desgraciadamente es muy rentable, razón que explica el porqué lleva cerca de 70 años floreciendo.

La cereza del pastel de la prosperidad de este delito la pone la política criminal vigente, que permite a los jueces de garantías imponer medidas de detención extramural a quienes cometan tales ilícitos, razón por la cual poco después de ser detenidos por la Policía tras largas y complejas investigaciones, regresan a las calles.

editorial
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