sábado 01 de agosto de 2020 - 12:00 AM

El bajo nivel de debate de nuestra clase política no puede ser parte del paisaje

La confrontación y el odio se adueñaron de la palabra y si se le suma la virtualidad, gracias a la cual congresistas han sido sorprendidos atendiendo a las sesiones mientras trotan, dan cuenta de la pobreza en la que ha caído el debate de la clase dirigente...
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La expresión desapacible como la senadora Angélica Lozano, del Partido Verde, se refirió a uno de sus colegas (y que sobra repetir en este espacio) es una demostración más, entre muchas, de en lo que ha caído desde hace mucho el nivel del debate político en Colombia. La confrontación y el odio se adueñaron de la palabra y resta todo a la claridad y la sana convivencia que es lo que este país busca hace décadas. Si se le suma la virtualidad, gracias a la cual congresistas han sido sorprendidos incluso atendiendo a las sesiones parlamentarias mientras trotan por los parques de Bogotá o al calor de un vaso de whisky y una buena compañía dan cuenta de la pobreza en la que ha caído el debate de nuestra clase dirigente, que muestran su verdadero talante, preparación intelectual y madurez para asumir el histórico y difícil momento que afrontamos.

Desde hace ya un largo tiempo nos hemos visto sometidos a toda clase de escándalos por parte de congresistas y políticos de toda clase que utilizan el ataque personal, el lenguaje procaz y la agresión contra sus pares o contra otras personas, solo con el fin de hacerse valer individualmente o imponer su ideología, o sus intereses. Así mismo, la virtualidad ha desenmascarado el poquísimo compromiso de muchos de los que desde mucho antes se sabía poco asistían a sesionar al Congreso. Ahora ni siquiera prestan atención a las sesiones.

Por supuesto siempre existe esa minoría que se escapa a esta regla y que, presencial o no, cumplen con las labores para las que fueron elegidos. Quiérase o no, los altos representantes de las tres ramas del poder deben ser ejemplo para la nación en todos los sentidos y eso incluye su manera de expresarse, además, claro está, de otras conductas que representan valores de fondo como la honestidad, la honradez, la transparencia, etc.

En un país que, además de estar viviendo la fase más cruenta de una pandemia, ha sufrido toda clase de violencias y no logra desatar los odios de los corazones de muchos colombianos, no está bien que quienes han sido elegidos democráticamente para, precisamente, ofrecer soluciones a todos estos problemas, no entiendan la importancia de la prudencia, del respeto mutuo, del pluralismo. El insulto, la mentira, la amenaza, la descalificación a priori, el matoneo personal o por redes sociales, no pueden ser las formas de expresión de nuestros representantes en las altas esferas del Estado. Tenemos que subir ese nivel y eso se logra con votos más conscientes a la hora de elegir a quienes van a ocupar esas curules.

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