viernes 26 de febrero de 2010 - 10:00 AM

El bicentenario

2010 es el año del bicentenario del grito de independencia en las más significativas villas y ciudades que a principios del siglo XIX hubo en el territorio de lo que hoy es la República de Colombia.

Bogotá, Socorro, Pamplona, Cali y Cartagena, entre otras, cada cual por su lado, fueron escenario del levantamiento de criollos contra la Corona Española. En algunos lugares con más timidez, en otros con menos, declararon el rompimiento de los lazos que los unían al Imperio Español, aquel que -al igual que el resto de Europa- atravesaba por una aguda crisis en el momento mismo en que la geopolítica giraba hacia la conformación de los Estados Naciones. En el caso español, el asunto fue más severo por la opaca personalidad de los monarcas de la Casa Borbón que entonces encarnaban la majestad de la Corona.

Estamos a menos de cinco meses de que el más significativo de tales levantamientos, el de Santafé de Bogotá, ocurrido el 20 de julio de 1810, cumpla 200 años de haber sucedido. En torno a tal fecha se congregarán los actos de enaltecimiento y se rememorarán los nombres de sus figuras cimeras. Tal fecha está a la vuelta de la esquina y por más de un motivo genera preocupación.

La primera causa de desasosiego es la falta de claridad que hay en torno de qué y a quiénes se debe exaltar.

La falta de conocimiento de la historia ha hecho que publicistas y comunicadores sociales traigan más a la memoria colectiva a El Libertador y a próceres tales como Francisco de Paula Santander, que a quienes fueron los autores de la gesta del 20 de julio de 1810. Bolívar y Santander y Sucre, figuras cimeras de nuestra emancipación,  en 1810 no jugaron papel  descollante por la edad que tenían. Las banderas estaban en manos de inteligencias tales como el charaleño José Acevedo y Gómez y el cartagenero José María Carbonell, entonces afincados en la capital de virreinato, Santafé.

Es a ellos y a sus contemporáneos a quienes se debe exaltar por haber logrado que el 20 de julio se convirtiera en la fecha de fractura de nuestra dependencia de la Corona Española.

Inquieta también cuál debe ser el sentido de las celebraciones y los elogios.

El asunto debe ser más que de festividades, de reflexión y debate sobre aquellos que prestaron su concurso para que lo que reventó el 20 de julio de 1810 se volviera realidad, la orientación de su pensamiento y lo que ocurrió en un momento histórico que conocemos  con un nombre equivocado, 'la Patria Boba', pues fue el menos bobo de nuestros momentos históricos.

Preocupa que las celebraciones del bicentenario sean desfiles, publicidad mal ambientada sobre un momento histórico no entendido a cabalidad, oportunistas pronunciamientos, pero ¿de fondo, qué? Poco, muy poco, casi nada.

 

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