jueves 02 de julio de 2020 - 12:00 AM

El cierre de Corfescu es un golpe al arte y la cultura regional

Al abandonar la cultura, las sociedades no solo pierden importantes expresiones artísticas, empiezan a borrar su historia... Ojalá podamos volver a tener a Corfescu, para bien de nuestra identidad.
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Además de los casos de contagio y defunciones que, obviamente, son los hechos más lamentables en esta pandemia, son varias las noticias, también tristes y preocupantes, que se producen en distintas áreas de la vida nacional y regional. La economía, por ejemplo, ha sufrido golpes contundentes y por ello frecuentemente hemos conocido del cierre temporal o definitivo de negocios tradicionales de la ciudad o el departamento, o del fuerte debilitamiento en sectores completos, como puede ser el de prácticamente toda la cadena del turismo, transporte aéreo y un larguísimo etc.

Y así como cada área de la vida nacional vive hoy las consecuencias de la crisis, la cultura es una de las afectadas con mayor severidad. Toda clase de espectáculos, muestras, ferias, exhibiciones, exposiciones, etc, han sido canceladas desde marzo, lo que ha hecho que el sector hoy, tres meses después, muestre signos de extrema gravedad para muchos artistas y empresas, en parte porque el Estado siempre ha mirado con desdén la actividad cultural y, a pesar de su importancia capital en la consolidación misma de los pueblos, se le ha dado una importancia tangencial, también en los presupuestos oficiales que poco o nada destinan para el arte y la cultura. Esto significa que, ocurrida la pandemia y con ella la crisis, el sector, ya de por sí un luchador constante contra la indiferencia, no tenía reservas para soportar la suspensión total de sus actividades.

Es lo que dolorosamente ha ocurrido con Corfescu, una entidad cultural santandereana que se había constituido en un notable caso de emprendimiento en los últimos años, pero que sucumbió ante la situación y el pasado fin de semana cerró sus puertas en el edificio del antiguo Teatro Analucía. Ahora solo queda su nueva hazaña virtual a través de las redes sociales y su página corfescu.com.

Es muy lamentable que una entidad cultural como esta abandone su actividad presencial puesto que, de muchas maneras, su programación anual era la vía por la que se alimentaba una buena parte de los movimientos culturales y artísticos locales, que no son otra cosa que la expresión de nuestro ser, nuestro pensamiento, nuestra identidad como sociedad históricamente determinada. Este teatro fue el símbolo de la lucha incansable de su directora, Sandra Barrera, por traer cutura, expresión, teatro, danza, circo, música, a esta región.

Al abandonar la cultura, las sociedades no solo pierden importantes expresiones artísticas, lo que es ya muy preocupante, sino que empieza a borrar de su historia costumbres, códigos sociales, tradiciones, incluso mitos y leyendas que son, entre otras muchas cosas, valores decisivos para identificarnos y determinarnos. Ojalá podamos algún día volver a tener a Corfescu promoviendo cultura en las calles, para bien de nuestra identidad y nuestra historia.

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