miércoles 20 de enero de 2021 - 12:00 AM

El círculo interminable y fatal de la violencia contra la mujer

No puede aceptarse como normal que en un país una mujer acuda a las instituciones oficiales a reclamar protección frente a una agresión y lo que reciba como respuesta sea una andanada verbal o física por parte de quienes representan al mismo Estado.
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El caso, conocido hace pocos días, de la mujer que acudió a la Comisaría de Familia del barrio La Joya en busca de protección ante una situación de violencia intrafamiliar de la que era víctima por parte de su pareja y como respuesta, según quedó registrado en la grabación de un celular, recibió un golpe del comisario de familia de quien ella reclamaba atención, demuestra a las claras la situación que viven millones de mujeres en Colombia. Miles y miles de mujeres en el país constantemente no solo sufren agresiones de diversa índole en sus hogares, en sus trabajos, en el espacio público, etc, sino que, además, son revictimizadas por un Estado que desatiende sus reclamos, las ahoga en procedimientos legales o administrativos que no llevan a ningún lado, o, como ocurrió en el caso que comentamos, incluso se va con todo su peso institucional contra su integridad.

Según el último informe publicado por Medicina Legal con cifras que muestran la situación de violencia de distinta entidad que sufren las mujeres, entre enero de 2018 y febrero de 2019 ocurrieron 138 feminicidios; en violencia no fatal se registraron 2.471 casos de violencia intrafamiliar; además, se reportaron 3.263 presuntos delitos sexuales, 5.501 casos de violencia interpersonal y 5.877 casos de violencia de pareja. Por otra parte, la Defensoría del Pueblo reseña en 2020, en Santander, las agresiones contra la mujer se dan en estas proporciones: física, 18%; sexual, 6%; sicológica, 42%; patrimonial, 6% y económica 27%.

Y estas cifras dolorosas son apenas pinceladas en el cuadro completo de la violencia de género en Colombia, un país que se ha empecinado en la intolerancia, la confrontación bélica y el sostenimiento de estructuras corrosivas y fatales como el machismo, todas expresiones de patologías sociales que, de una y otra manera, terminan recayendo sobre la espalda, el rostro y la vida de las mujeres de todas las edades.

El hecho patético e inaceptable ocurrido en la Comisaría de Familia de La Joya no debe pasar de la fugaz atención nacional que recibió cuando las redes circularon el video, al frío del olvido en el que suelen caer estas denuncias cuando en las oficinas públicas las engavetan para amparar a corruptos, abusadores o transgresores de cualquier condición. El hecho debe ser investigado y llevado hasta las últimas consecuencias.

No puede aceptarse como normal, en ningún sentido, que en un país una mujer acuda a las instituciones oficiales a reclamar protección frente a una agresión y lo que reciba como respuesta sea una andanada verbal o física por parte de quienes representan al mismo Estado.

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