miércoles 02 de septiembre de 2009 - 10:00 AM

El colmo de todos los colmos

En innumerables ocasiones, se ha comentado en este espacio editorial que la capacidad de asombro de los colombianos se encuentra copada. Ya muy pocos eventos los sorprenden, por cuenta de la cantidad inatajable de escándalos que a diario ocupan los titulares de prensa, los minutos de radio y los noticieros de televisión.


Sin embargo, en los meses más recientes, dos entidades del Estado se han ocupado de sacudir los cimientos de la opinión pública nacional. El Congreso de la Republica y el Departamento Administrativo de Seguridad, DAS.

Es que precisamente este último, ha logrado lo que pocos organismos han alcanzado en cuanto a desvergüenza, desfachatez y cinismo se trata. No satisfecho con el escándalo que generó  apenas a principio de año con las interceptaciones y seguimientos ilegales a magistrados de la Corte, periodistas y miembros de la oposición, acciones que le valieron el repudio nacional e internacional, volvió una vez mas a la carga pero en mayores proporciones.

Sí. Como si la vez pasada no hubiera sido suficiente, sin haber aprendido la lección y con un desdén total por el país, la democracia y las leyes, el DAS nuevamente volvió a las suyas.

Por lo visto, las chuzadas telefónicas jamás pararon a pesar de las promesas del Gobierno y las amenazas de investigaciones de la Fiscalía. Y menos aún, con la anunciada prohibición presidencial de que efectuaran ese tipo de operaciones. Operaciones de inteligencia que lamentablemente se consideran normales en democracias de muchos países, pero que en este caso, tienen todos los ribetes característicos de una dictadura.

De hecho, ya no cabe duda alguna. Al DAS es necesario comenzarlo desde cero si es sincera la voluntad estatal de que respete las leyes y se acoja a las instituciones. Cualquier otra promesa gubernamental de reformarlo, se sabe de antemano en qué va a terminar.

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