viernes 13 de mayo de 2022 - 12:00 AM

El Consejo Metropolitano de Seguridad, un buen comienzo para frenar la delincuencia

Es un buen comienzo, siempre y cuando sea integrado por personas idóneas para el tema, se mantenga activo permanentemente y sus decisiones sean acatadas juiciosamente tanto por los alcaldes como por los comandantes y efectivos policiales

Este periódico, desde sus editoriales y páginas especializadas en tratamiento de información local y metropolitana, ha insistido desde hace algunos años en la conveniencia de que, mientras se da el tiempo necesario para madurar la idea de la creación de un Distrito Metropolitano que agrupe definitivamente todas las funciones gubernamentales de los cuatro municipios conurbados, y eventualmente anexe otros, es necesario que tal integración y coordinación se de en algunos temas especialmente complejos y críticos, como lo es el del tránsito, las basuras, algunas obras públicas de beneficio general o, entre algunos otros, el de la inseguridad que tiene agobiada hoy a la población.

Por eso no podemos menos que recibir con beneplácito la decisión que acaban de tomar los alcaldes, junto con las autoridades de policía y algunas entidades, en el sentido de abstenerse de tomar decisiones individuales en asuntos relacionados con la seguridad, sino hacerlo articuladamente, para contener con éxito el aumento de delitos.

Enfrentar por parte de los alcaldes una ola de criminalidad de estas proporciones, desde perspectivas individuales y con estrategias algunas veces contradictorias divide y distrae los recursos de la policía, haciendo menos eficiente su trabajo, luego la anunciada creación del Consejo Metropolitano de Seguridad y Convivencia Ciudadana es un buen comienzo, siempre y cuando sea integrado por personas idóneas para el tema, se mantenga activo permanentemente y sus decisiones sean acatadas juiciosamente tanto por los alcaldes como por los comandantes y efectivos policiales.

Que el nuevo Consejo encargado de la seguridad metropolitana no sea una simple expresión de buenas voluntades, que se diluya con el tiempo y que el Acuerdo que lo creó no quede en simple letra muerta, depende del grado de seriedad y cumplimiento de los mandatarios, comandantes y demás instituciones que lo integran, pero también de la función de veeduría al que tienen derecho los ciudadanos, quienes deben vigilar que esto no se reduzca a otro anuncio que surge de la presión de una coyuntura, sino que sea el comienzo del fin de una delincuencia que ha crecido, precisamente como consecuencia, entre otras cosas, de la desarticulación e ineficiencia de las autoridades.

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