lunes 16 de enero de 2023 - 12:00 AM

El control a la pólvora fue un rotundo fracaso... otra vez

El sábado concluyó el período de vigilancia de lesionados por pirotecnia en Santander y el resultado es un rotundo fracaso para alcaldías, Policía y comunidad, un hecho que tenemos que reconocer para que en un año no estemos, nuevamente, lamentando tragedias de lo que, se supone, es un tiempo de celebración.

Este diario, al igual que algunos voceros de la opinión pública, profesionales de la medicina y líderes gremiales, advertimos desde el pasado noviembre a las autoridades administrativas y de Policía de la necesidad de anticiparse a las fiestas decembrinas, regular o prohibir el uso de la pólvora y hacer la tarea correspondiente para que, efectivamente, no tuviéramos al comienzo de este año un balance negativo sobre accidentes con estos elementos tan peligrosos que, incluso pueden ser potencialmente mortales.

Pero, llegó diciembre y, a pesar del tradicional decreto que la prohíbe, expedido por muchos alcaldes santandereanos, la pólvora explotó durante todo el mes, en todo el departamento, y nos muestra en enero un inventario lamentable de 50 adultos y 14 menores de edad quemados, una cifra que representa no solamente varias tragedias familiares por el grado de las lesiones de algunas personas, sino el estado de atraso en el que nos mantenemos, pues todavía hay personas que consideran que este tipo de celebraciones no son tales si no está la pólvora de por medio y para mantener esta discutible tradición, pretenden negar lo que es evidente: el gran peligro que entraña.

Recordemos que la pólvora también fue la causa de un incendio que en cuestión de minutos consumió un reconocido hotel en San Gil, destruyendo así el esfuerzo de muchos años de sus dueños. Mantenerse en la idea de que la pólvora contribuye a la fiesta y que, en realidad, no es peligrosa, es lo que, sumado al desinterés que siempre han mostrado las autoridades por combatir esta costumbre, nos reduce cada fin de año al simple y deplorable papel de contar el número de heridos y, algunas veces, de muertos por esta causa.

La temporada terminó esta vez con un aumento del 12,3 % en el número de lesionados por pólvora en el departamento, respecto de lo que ocurrió hace un año, es decir, retrocedimos en esta sensible materia y no contamos aquí el número de personas heridas, especialmente de niños, que no llegaron a conocimiento de las autoridades o de los centros de salud, por temor a las sanciones que anuncian los decretos para quienes permitan a los niños manipular la pólvora. El sábado pasado concluyó el período de vigilancia de lesionados por pirotecnia en Santander y el resultado es un rotundo fracaso para alcaldías, Policía y comunidad, un hecho que tenemos que reconocer para que en un año no estemos, nuevamente, lamentando tragedias al final de lo que, se supone, es un tiempo de celebración.

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