lunes 16 de noviembre de 2009 - 10:00 AM

El desafío del nuevo director de Tránsito

En días pasados, cerca de la fecha que señalará que la administración de Fernando Vargas Mendoza llega a la mitad de su camino, hubo relevó en la Dirección de Tránsito de Bucaramanga. Asumió como nueva cabeza de tal dependencia el abogado Tomás Vargas Mantilla, persona que ha estado vinculado a las últimas administraciones municipales. Prudente es mirar algunos aspectos relacionados con tal entidad oficial.

Lo primero a resaltar es que el desafío del nuevo director de Tránsito es grande. La movilidad en la ciudad es el espejo en que propios y extraños miden, al rompe, el buen desempeño de todo alcalde. Y a veces por observar la cara olvidamos el resto del cuerpo.

La movilidad en la ciudad es hoy algo bastante similar a un maremágnum. Los funcionarios oficiales cada vez que se habla de ello, con rapidez, argumentan que la causa del problema son las obras que se adelantan para adecuar la malla vial a la operación de Metrolínea. Pero, ¿qué tanto hay de cierto en tal aseveración y qué tanto dicha coyuntura sirve de excusa para no mirar atinadamente el problema?

La movilidad en nuestras vías tiene problemas de fondo distintos a las obras civiles que en ellas se adelantan. Uno de tales problemas hace referencia a la labor de los agentes de Tránsito. Su número es inferior a las necesidades, hay ineficiencia administrativa en su desempeño, desgreño y mañas en la gestión de este recurso humano y un alto porcentaje de corrupción en su trato con los automovilistas y motociclistas. La coima es, frecuentemente, el paso subsiguiente a la orden dada a cualquier ciudadano de que exhiba la documentación de su vehículo o al inicio de la imposición de un comparendo.

La propuesta de usar los servicios de personal de la Policía Nacional para complementar la tarea de los agentes de Tránsito en las calles tiene de ancho y de largo y ya se resolvió el pasado sábado, pero controlarán solamente en Cabecera y el norte de la ciudad, sin entrar al centro.

Pero lo más grave en Tránsito está de puertas para adentro. Hay desgreño, ineficiencia y falta de compromiso en sus funcionarios, papeleo inútil y la insoportable y corruptora 'rosca' de los intermediarios.

Cada vez es más brumoso y complicado el hacer una diligencia en la Dirección de Tránsito y, como afirman los ciudadanos, actuar allí con transparencia, el no ceder a la oferta de servicios de los intermediarios, es castigado de hecho por funcionarios trabando más la gestión a llevar a cabo.

Esa parte del problema es aun más grave que la movilidad en las calles y los nudos ciegos de automotores que se arman en cuestión de segundos.

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