martes 08 de diciembre de 2009 - 10:00 AM

El descubrimiento del agua tibia

En declaraciones recientes, las cabezas de los organismos de control del Estado, confesaron una verdad que 45 millones de colombianos saben hace más de veinte años.

Durante un foro llevado a cabo en la capital del la República, tanto el Fiscal General (e), Guillermo Mendoza Diago, como el Procurador Alejandro Ordóñez, manifestaron entre otras cosas que la corrupción desbordó la institucionalidad, que hace presencia en todas las áreas de la administración pública y que muchos de los casos se quedan en la impunidad.

En otras palabras, los máximos encargados de luchar contra el cáncer que mantiene al país en la pobreza y el subdesarrollo, no dijeron nada nuevo.

De hecho, es suficiente con observar la vida diaria de este país, para llegar fácilmente a las mismas conclusiones del Procurador y el Fiscal, que merecieron la atención de los medios de comunicación hace pocos días.

Es que para ningún colombiano medianamente informado es un secreto, que el Estado se convirtió en la presa más fácil de todos esos vicios engendrados por las maquinarias políticas tradicionales.

Maquinarias políticas que se aceitan con el dinero de los contribuyentes, se ponen a punto con los sobrecostos en los contratos públicos y se rebosan con los peculados contra el erario.

Puesto de manera más corta, prácticamente no existe un contrato o licitación gubernamental cuya ejecución no esté manchada por la politiquería y dominada por la corrupción.

Y es por ese cúmulo de razones, que la inversión social poco se ve a pesar de que tanto se necesita.

En pleno siglo XXI, incontables municipios no cuentan aún con acueducto y alcantarillado, y ni qué decir de la pavimentación de las calles o de vías suficientes para competir en un mundo que cada vez deja al país más rezagado.

Hace algunos años, el hoy ex fiscal Alfonso Gómez Méndez afirmó que la corrupción era peor que la guerrilla.

El paso del tiempo ha demostrado que él también se quedó corto, porque la corrupción es peor que la subversión y el narcotráfico sumados, ya que además de carcomer al Estado, fortalece a esos dos enemigos mortales que lo atacan.

En síntesis, es por ese catálogo de razones que atribuirle a la corrupción la culpa del atraso y la situación rayana en el caos que prevalece en el país, constituye el hallazgo más indiscutible de la historia de Colombia reciente.

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