viernes 22 de marzo de 2019 - 12:00 AM

El esmog y la bruma en Bucaramanga

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Hasta hace unas cuatro décadas, por estos meses, que es la época más seca del año, la atmosfera en el área metropolitana de Bucaramanga se cubría con una bruma tenue que enturbiaba el aire, lograba que de la vista desaparecieran por el occidente el perfil de Palonegro y por el oriente el páramo de Santurbán. La operación aérea se suspendía días enteros y factores medioambientales alteraban la vida de la región pues en los primeros meses del año los vientos se ausentan y la calima queda estática, campeando; se decía que el problema era el humo de las quemas que hacían los campesinos en el Magdalena medio, en el Cesar y en otras regiones, que se asentaba en el entorno de Bucaramanga, hasta que las lluvias de abril despejaban el horizonte.

Hoy, con el desarrollo de la tecnología para estudio de la contaminación ambiental, sabemos que el humo producido en los núcleos de deforestación en Vichada, Guaviare, Guainía, en la Orinoquia en general, es traído por los vientos a la atmósfera del área metropolitana de Bucaramanga, donde se fusiona con esa nata espesa y nociva de esmog y polución que circunda la atmósfera de Bucaramanga, Floridablanca, Girón y Piedecuesta, envolviendo todo, irritando los ojos, causando tos, agudizando las crisis de quienes padecen de asma, produciendo episodios cardiovasculares y cerebrovasculares, entre otros.

Hace pocos días sonaron señales de prevención por el grado de contaminación del aire que se respira en los municipios del área metropolitana. Raudamente algunos propusieron incrementar el ‘pico y placa’, medida paliativa que no ataca el mal de raíz. Mentes sensatas advirtieron que el esmog de los tubos de escape de los automotores era muy grave problema en los vehículos que funcionan con diesel, los camiones, volquetas, motocicletas y las “cocinas ambulantes” de más de 20 años de uso, que se propusieran medidas de más fondo.

Pasó el instante y, ¿qué políticas eficaces están estudiando las autoridades competentes para atacar el problema con eficacia? ¿Acaso estamos esperando que vuelvan a sonar las alarmas señalando que el aire es irrespirable para anunciar medidas más sonoras que de fondo ante la dimensión del problema? Los enemigos son el esmog, la polución y, principalmente, la falta de voluntad política y la descoordinación interinstitucional.

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