lunes 04 de febrero de 2019 - 12:00 AM

El Estado, el posconflicto y el control territorial

Una de las características más destacables de la sociedad estadounidense, que los colombianos deberíamos estudiar más para seguir su ejemplo, es la capacidad de autocrítica que tiene. Nosotros, antes de analizar y decantar debidamente los pro y los contra de algo, rápidamente nos radicalizamos en este o aquel sentido, sin evaluar previamente por qué han sucedido las cosas, qué hacer para que no vuelvan a ocurrir. Somos pasionales, dejamos muchas cosas en veremos, nos gusta tomar partido prematuramente; por eso nuestras heridas no sanan sino que son el germen de nuevos males. Así, no hemos entendido debidamente numerosos episodios de nuestra vida como Estado Nación y repetidamente insistimos en yerros políticos, sociales, históricos.

Vemos con angustia que en el último mes han asesinado a más de 15 líderes sociales en diversos puntos de nuestra geografía, que entre 2018 y 2019 el número de víctimas inmoladas es alto y nos preguntamos: ¿Qué pasa?

La muerte violenta de líderes comunitarios ha ocurrido en 119 municipios; ello genera zozobra, miedo, amedrenta a regiones enteras para lograr su fin, el que ciertos grupos puedan seguir detentando, por la fuerza, el control territorial.

Es cierto, en ciertos casos pudo haber habido intolerancia, más todas esas muertes son la evidencia de la recomposición de muy diversas formas de violencia que se está dando en aquellos territorios donde el Estado colombiano no ha sido capaz de hacer presencia viva después de que las Farc se retiraron de esos lugares.

Los estudiosos consideran que el Estado colombiano no ha logrado hacer presencia viva en cerca de 300 municipios en los que hay muchos intereses y fuerzas en juego, es decir, tiene iniciativas pero no ha logrado llegar a ellos en forma permanente con soluciones sociales, planes económicos, educativos, de salubridad, no ha podido solucionar allí los problemas que parieron el conflicto. Ante eso, brotan nuevas formas de violencia.

Es el posconflicto. En el Estado no ha habido continuidad de acción que abra caminos hacia la paz en territorios inestables socialmente; en cerca de 350 municipios hay presencia de diversos grupos armados, distintas formas de fanatismo, de odio, entonces estallan nuevas y agrias formas de violencia para acaparar tierras, minería ilegal, narcocultivos, y los sacrificados son los líderes comunitarios.

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