miércoles 05 de noviembre de 2008 - 10:00 AM

El futuro del Atlético Bucaramanga

A principios de este año, Vanguardia Liberal manifestó en este espacio editorial que el Atlético Bucaramanga es, junto con el conjunto basquetero Búcaros y otras expresiones colectivas, un símbolo de la ciudad y de la región y que como tal debía cuidársele en extremo sin olvidar que tales instituciones tienen a su vez obligaciones a su cargo (que debe cumplir), que son muy significativas para los santandereanos.

Estamos a finales de año y al igual que ha ocurrido en repetidas oportunidades, el Atlético Bucaramanga está otra vez al borde del descenso. Una vez más, el balance de su campaña en el campeonato rentado del fútbol colombiano deja mucho qué desear.

Ayer hubo una reunión de autoridades municipales, dirigentes cívicos y empresarios locales a la cual ni siquiera fueron altos directivos del Atlético Bucaramanga, quienes no obstante han solicitado el apoyo del público, de los gremios, de la ciudadanía y de las entidades oficiales.

Sobre el tema, hay que decir que es necesario darle la mano a algo que representa a la ciudad y a la región, pero es prudente poner varias cosas en claro.
Entre ellas se destacan: La forma como el Atlético Bucaramanga ha sido administrado deja mucho qué desear. No hay claridad sobre quiénes son los propietarios de algo más del 80% del capital y ello no está bien; tampoco ha habido lucidez en la toma de decisiones administrativas. Además, los actuales directivos son poco abiertos ante las críticas de su gestión, pese a  que las cosas en tal institución deberían manejarse como una empresa abierta.

Como si lo anterior no fuera receta suficiente para el fracaso, no ha habido tino en la escogencia de directores técnicos y se ha prescindido de los servicios de ellos a tontas y a locas. La forma como se terminó el contrato con Eduardo Julián Retat no fue la más elegante ni oportuna. Igualmente, el momento en que se decidió dar por terminado el contrato de Víctor Luna, por más que haya fracasado estruendosamente, no fue el más sensato. Y por último, la contratación de jugadores debe ser más eficaz pero sobre todo, más inteligente y estudiada.

En resumidas cuentas, la forma de administrar la institución debe cambiar radicalmente.

Pedirle al público que asista al estadio cuando el equipo está mal ubicado en la tabla exige a su vez que mejore la forma como el conjunto juega, ya que su sistema táctico arruga el alma.

Encomiable que la Cámara de Comercio haya tomado la vocería para darle la mano al Atlético, pero hay que exigir que en las directivas del conjunto haya más inteligencia en la toma de decisiones y que el club  democratice las acciones en que se divide el capital, es decir, que ellas sean vendidas al público y que la ciudadanía no solo sea aficionada al fútbol sino parte de su club como ocurre en Chile, España, Argentina, Italia y muchos otros países.

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