miércoles 04 de diciembre de 2019 - 12:00 AM

El futuro gris de la economía chilena

Lo que sucede en Chile debe servirnos de espejo. Nadie discute la válida protesta que exige acciones en temas coyunturales, pero persistir en el paro solo llevará a Colombia a una crisis donde los mayores perdedores serán pequeños comerciantes y empleados.
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Desde octubre de este año, Chile se sumió en una ola de protestas que tiene a su presidente, Sebastián Piñera, en la cuerda floja, con un 10% de aprobación de su gestión.

Las protestas, que no cesan, y la imposibilidad de llegar a una negociación política han sumido al país austral en una incertidumbre, que hoy comienza a mostrar sus consecuencias. Por primera vez Chile ha dejado de mostrar cifras de crecimiento positivo y se prevé que el país pueda entrar en recesión en el 2020.

Según han registrado los medios internacionales, el Índice Mensual de Actividad Económica de Chile cayó un 3,4%, la mayor caída desde julio de 2009.

La largas protestas han llevado a un desplome en el turismo, el transporte y el comercio, que llevan a Chile por el camino inevitable de la crisis económica.

Y no es que no existan razones válidas para la protesta en ese país. De acuerdo con cifras publicadas por 'El país de España, solo el 1% de la población posee el 26% de la riqueza chilena; el sistema pensional es tan nefasto, que quienes logran jubilarse lo hacen con un 30% o 40% de su salario, el acceso a la universidad está limitado a quienes tienen los suficientes recursos para pagar una universidad privada y la brecha salarial entre los trabajadores y la clase dirigente es cada vez mayor.

Las razones son válidas, pero la prolongación de las protestas en las calles empieza a llevar al país a una fuerte desaceleración económica, con consecuencias nefastas para todos. De acuerdo con el diario ‘El País’ de España, comienza a evidenciarse la destrucción de la infraestructura empresarial en sectores generadores de empleos directos como los supermercados; la limitación a la cantidad de horas de trabajo diarias, pues se trabaja "a media marcha"; la caída en el ingreso de quienes trabajan por comisiones de venta, entre un largo etcétera. Además, la incertidumbre ha llevado a que se frenen las inversiones, pues ante la expectativa de lo que pasará en Chile los inversionistas prefieren abstenerse y los consumidores bajan su consumo por miedo a lo que vendrá.

Los daños a la infraestructura pública producto de los actos de vandalismo, se calculan en 4.500 millones de dólares, según la Cámara Chilena de la Construcción. Las ventas cayeron, al igual que la confianza en el consumidor y se calcula que unas 20.000 pymes se declararán en quiebra por la caída de las ventas.

Lo que sucede en Chile debe servirnos de espejo a los colombianos. Nadie discute la válida protesta que exige acciones en temas coyunturales, pero persistir en el paro solo llevará a Colombia, como ya ocurre con Chile, a afrontar un costo económico donde los mayores perdedores serán los pequeños comerciantes y los empleados.

Urge que el país inicie el camino de la negociación y el diálogo para poder salir de este atolladero. El Gobierno debe bajar el tono arrogante de sus ministros y los líderes de las protestas, la radicalización de sus exigencias. O buscamos una salida juntos, pensando en construir hacia adelante, o nos vamos todos como país alcomino inevitable de la crisis económica, donde todos saldremos perdiendo.

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