lunes 08 de junio de 2009 - 10:00 AM

El hombre que doblegó a un tirano

Hace 20 años, en junio de 1989, un hombre se enfrentó a un ejército y con un gesto casi casual de su brazo, lo derrotó. Grabada en fotografías y videos de cuatro reporteros que alcanzaron a captarla a pesar de la prohibición oficial, la escena quedó marcada como uno de los más grandes íconos de la historia política y social contemporánea.

Ocurrió en los alrededores de la Plaza Tiananmen, en la vía que tiene, para el caso, el irónico nombre de Gran Avenida de la Paz Eterna, en Pekín, y los antecedentes son los de la represión a sangre y fuego de una manifestación de estudiantes, obreros y campesinos, que querían expresar su desacuerdo con las políticas excesivamente rígidas del gobierno comunista.

El movimiento popular, que propendía por esquemas democráticos de participación y denunciaba la corrupción en el gobierno de Deng Xiaoping, se ubicó en la Plaza Tiananmen y desde allí capturó la atención de varios medios internacionales de prensa.

Las protestas se intensificaron y agotaron el exiguo margen de tolerancia del líder chino, que en la noche del cuatro de junio envió a Tiananmen sus tanques, a los que no les importó pasar literalmente por encima de los estudiantes que dormían en tiendas de campaña ubicadas en la gran Plaza, mientras cientos de soldados con bayonetas daban muerte a otros manifestantes.

La Cruz Roja China estimó que sólo en ese embate, los militares dieron muerte por lo menos a 2.600 manifestantes, aunque otras fuentes elevaron el cálculo a 4 mil y a no menos de 10 mil el número de heridos.

Con ese saldo tenebroso amaneció Pekín el 5 de junio, el día en que un hombre, a pocos metros de donde aún yacían los cuerpos de lo que se llamó la masacre de Tiananmen, se paró frente a una fila de cuatro enormes tanques y los detuvo sólo con su cuerpo y el gesto tímido, pero determinado, de su brazo.

Del valor de este joven y de la fortaleza del símbolo que allí se configuró habla la historia: ‘El hombre del tanque’, es el mote que se le dio a este chino, de quien nunca se supo su identidad, ni su suerte y que finalmente salvó su vida porque la multitud, que aún aturdida se encontraba en la plaza de Tiananmen, lo rodeó hasta mezclarlo con todos y permitirle escapar.

Este gesto de heroicidad y dignidad, se convirtió en un ejemplo de tal poder, que hoy, dos décadas después, el mundo entero recuerda el día en que un hombre doblegó a un tirano y, además de detener los tanques, atajó una de las matanzas más despiadadas de que se tenga noticia en la historia china y mundial, cuando de reprimir manifestaciones populares se trata.

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