viernes 11 de enero de 2019 - 12:00 AM

El impuesto predial

Pagar impuestos jamás ha sido de buen recibo y menos cuando su valor sube agudamente. Basta recordar que esa fue la chispa que encendió el alzamiento de Los Comuneros y que la historia de América y Europa está llena de actos de rechazo popular a ello. Actualmente el gobierno francés no ha logrado apagar las protestas de los “chalecos amarillos”, en rechazo al alza del impuesto a los combustibles.

En Colombia, para una ciudadanía asfixiada por cargas dinerarias tales como los costos educativos, la vivienda, los alimentos, el vestuario, el valor de los servicios de salud, el alto precio de los servicios públicos domiciliarios, las reiteradas reformas tributarias, que a comienzos de año se sepa que para numerosos inmuebles el valor del impuesto predial aumentó un 50% o más enerva al más paciente.

A la actual administración de Bucaramanga se le aplaude su lucha contra focos de corrupción, pero el complemento necesario de ello debe ser informar ampliamente a la ciudadanía sobre cómo se invierten los altos impuestos municipales que se pagan. Lo mismo ocurre en Floridablanca, Piedecuesta y Girón. A la gente se le debe ilustrar, hasta la saciedad, en qué se invierten los dineros públicos. Sería tratar de tapar el sol con una mano el ocultar la inconformidad que hay en los municipios del área metropolitana de Bucaramanga por el alto precio del impuesto predial que se debe pagar. De contera, de forma poco inteligente los funcionarios municipales se lavan públicamente las manos aduciendo que el avalúo de los predios no lo fijan los municipios sino el Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC). Ese argumento no tiene solidez, pues ¿acaso el IGAC y los municipios no son parte de un “todo” llamado Estado?

A la ciudadanía de los municipios del área metropolitana de Bucaramanga le hiere, además, el palpable contraste que hay entre el alto valor del impuesto predial y el estado de abandono en que están las vías vehiculares y los andenes, las deficiencias en servicios públicos esenciales, la infraestructura de colegios públicos y centros de salud, entre un largo etc.

El aumento del impuesto predial contrasta, también, con el que muchas obras públicas terminan costando el doble o más por retrasos mañosos en su ejecución, así como el manejo poco responsable de los recursos captados por impuestos. En resumen, el palo no está para cucharas.

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