sábado 24 de septiembre de 2022 - 12:00 AM

El legado de Gabriel Turbay

Un ejemplo de vida que debe recordarse hoy frente a la falta de liderazgo que tenemos, cuando las empresas electorales han reemplazado al talento y la grandeza de las personas, dejando a un lado los grandes intereses nacionales

Por estos días, cuando se cumplen 75 años de la muerte del Gabriel Turbay, bueno es insistir en la importancia de su legado político, para que las nuevas generaciones tengan un referente de ese gran colombiano, que llegó a ser una de las figuras más destacadas en la vida pública en la primera mitad del siglo XX.

Nacido en Bucaramanga, en donde se educó hasta el nivel secundario en el colegio de San Pedro Claver, estudió posteriormente medicina en la universidad Nacional, y una vez obtenido el título, resolvió dedicar sus días al ejercicio de la política, comenzando por la Asamblea de Santander, y de inmediato irrumpiendo en el Congreso, a donde llegó para hacer toda la carrera, hasta presidirlo en varias oportunidades, pero a su vez ejerciendo cargos de responsabilidad, que lo hicieron ministro de Gobierno a los 32 años, canciller de la República en varias oportunidades, embajador en Washington, designado a la Presidencia, y candidato presidencial en 1946, cuando se enfrentó a Mariano Ospina y Jorge Eliécer Gaitán.

Murió en Paris, a los 46 años, pero antes fue una pieza clave en la transición del gobierno conservador, al liberal en 1930, implantó elementos fundamentales dentro del escenario político y de gobierno, como el registro civil en manos del Estado, la cédula de ciudadanía, la separación de la Iglesia y el Estado, la educación laica y otras reformas verdaderamente significativas para le época, que le significaron al país entrar a la modernidad.

Pero también fue quien planteó por primera vez la renegociación de la deuda externa de Colombia, para aliviar costos financieros y extender plazos, de tal manera que le permitieran al país un respiro en materia de inversión, y fue quien se ideó el Pacto Mundial del Café, que le trajo a Colombia enormes beneficios, pues el país era un gran productor del grano y el mercado mundial estaba en manos de los especuladores, que manejaban los mercados e imponían precios desventajosos para los países dueños de la producción.

Todas estas actuaciones, llevaron a Turbay a ser un personaje reconocido internacionalmente y a alcanzar un prestigio enorme en el ámbito político, hasta llegarse a afirmar que todas las decisiones importantes del país, en por lo menos dos décadas, pasaron por sus manos.

Su muerte súbita, producto de un ataque de asma, le impidió continuar su carrera, ya definida en lo que iba a ser la carta decisoria para el siguiente debate electoral en el que hubiera sido el seguro sucesor de Ospina Pérez. Se truncó el futuro de su partido, se alteraron todas las prescripciones políticas que se degradaron con el asesinato de Gaitán, en donde la ausencia de líderes, hizo desencadenar la más atroz violencia que se hubiera podido registrar y que le significó a Colombia un desastre del que tardó décadas en recomponerse.

Pero para el departamento de Santander significó la pérdida de una oportunidad de excepción, para haber tenido al frente de los destinos de su país al mas preclaro de sus hijos en ese entonces, cuando muy seguramente sus preocupaciones habían sido atendidas con la óptica de quién las conocía de primera mano.

Un ejemplo de vida que debe recordarse hoy frente a la falta de liderazgo que tenemos, cuando las empresas electorales han reemplazado al talento y la grandeza de las personas, dejando a un lado los grandes intereses nacionales.

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