domingo 02 de mayo de 2010 - 10:00 AM

El mensaje subliminal de las encuestas

El país entero parece embrujado por las encuestas sobre la campaña presidencial. Ya diferentes analistas, sectores de la opinión pública e innumerables ciudadanos del común, han llamado la atención sobre la alteración de las prioridades, que se convirtieron en saber quién va punteando en los sondeos, en lugar de hacer énfasis en la exposición de programas y el planteamiento de soluciones por parte de los diferentes candidatos a los problemas más apremiantes del país, que es lo que realmente debería primar para escoger al ganador.

Pero de ese fenómeno ya se ha hablado bastante. De lo que no se ha discutido todavía suficiente, es del mensaje subliminal que llevan consigo las encuestas. De ese recado fuerte y claro por parte de la opinión pública que no obstante, varios sectores de la política se niegan a recibir.

Para nadie es un secreto que el éxito del doctor Álvaro Uribe Vélez en el 2002, cuando comenzó desde un 2% en las encuestas, se basó en que logró identificar claramente un clamor nacional. O para ponerlo en términos más precisos, el hastío del país con las Farc. Fue el repudio generalizado contra esa organización criminal, el que llevó al entonces candidato a un triunfo contundente en las elecciones.

Pues bien, ahora, ocho años después, el lamento ciudadano es por causas diferentes. La exigencia generalizada es por ponerle un freno a la corrupción, a la deshonestidad y a la desvergüenza que terminaron de inundar casi sin excepción alguna a todas las dependencias oficiales.

Puesto de manera diferente, la gente está repugnada de escándalos como el del DAS, de los sobrecostos en los contratos públicos, de las licitaciones amañadas, de los nombramientos por tráfico de influencias, de las obras de pésima calidad y de un largo etcétera que no cabría en este espacio.

El país pide, en pocas palabras, recordar los más básicos principios de la ética y la decencia.

Principios de la ética y la decencia que sin embargo el Congreso de la República, por ejemplo, insiste en desconocer, con intentos tan desvergonzados como el de hace pocos días de intentar, infructuosamente, ajustarse las pensiones de por sí excesivas en más de un 25% sin escrúpulo alguno.

En síntesis, los sondeos de opinión, aunque no lo dicen directamente, sí contienen un mensaje muy claro y el candidato que más se identifique con ese clamor ciudadano y mejores propuestas diseñe para combatir la podredumbre con efectividad, seguramente será el que ocupe el Palacio de Nariño a partir del próximo 7 de agosto.

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