viernes 27 de marzo de 2020 - 12:00 AM

El país aún siente la ausencia de Luis Carlos Galán

al morir de forma tan trágica y mediante una acción tan cobarde, se convirtió en un héroe, luego de que, precisamente por su discurso radical y, sin duda, valiente, contra las mafias del narcotráfico, se había ganado el prestigio de ser una especie de conciencia nacional
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Aún en el entendido de que la decisión de la justicia se produjo en derecho, la noticia de la libertad condicional concedida a Alberto Santofimio Botero para que termine de cumplir la condena por su probada participación en el crimen de Luis Carlos Galán en 1989, causó sorpresa e indignación en muchos colombianos que preferían ver al exdirigente liberal tras las rejas por el total de su sentencia de 24 años.

A pesar de que ya acumula 16 años de pena, muchas personas consideran que el político no merecía pasar en libertad, así sea condicional, el tiempo restante. Estas reacciones demuestran la malquerencia en que tienen a Santofimio quienes vivieron la trágica guerra de Escobar contra el Estado, y le vieron cerca del narcotraficante, asesorándolo legalmente, agenciando sus intereses en el Congreso, en la Constituyente y el alto gobierno o, como quedó demostrado, orientando la mira de sus sicarios hacia quienes eran sus enemigos políticos, como ocurrió con Galán. Los hechos demuestran que inmediatamente fue asesinado el fundador del Nuevo Liberalismo, Alberto Santofimio, en 1990, se convirtió en una especie de político intocable que, claro, intentó en ese año competir por la Presidencia de la República, a pesar de que desde el primer momento recayó sobre sí la sospecha de su participación en el magnicidio de Soacha.

Lo que también demuestra la reacción negativa de muchas personas es que, 30 años después, el país no termina de asimilar el asesinato de Luis Carlos Galán, un hombre que al morir de forma tan trágica y mediante una acción tan cobarde, se convirtió en un héroe, luego de que, precisamente por su discurso radical y, sin duda, valiente, contra las mafias del narcotráfico, se había ganado el prestigio de ser una especie de conciencia nacional que hablaba en voz alta de lo que todo el mundo pretendía ocultar y callar. Pero, además de ser temerario, Galán fue inflexible e incorruptible. Eso lo llevó a la muerte, e hizo que millones de colombianos sintieran que perdieron un gran sueño de reivindicación nacional que aún hoy hace que les parezca censurable, así, repetimos, esté ajustada a la ley, la libertad condicional a uno de los pocos hombres que permanecen vivos y participaron en esa vendetta macabra contra un santandereano que, al igual que sus ancestros, levantó la antorcha de la libertad y la verdad, pero fue sacrificado por la codicia insaciable de la mafia.

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