jueves 22 de julio de 2021 - 12:00 AM

El país necesita y exige un debate sano y tolerante en las elecciones 2022

La política colombiana y el debate público de las ideas en cualquier campo no puede seguir por el camino enlodado de las ofensas y las mentiras sin que esto implique costos muy altos para la democracia en el futuro.
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El pasado martes, en su discurso de instalación de las nuevas sesiones ordinarias del Congreso de la República, el presidente Iván Duque tocó un tema especialmente delicado y lo hizo para pedir que no haya más polarización en la política nacional, una recomendación que, sin duda, es pertinente y que debe ser oída y atendida por cada uno de los actores políticos de todo el espectro ideológico, no solamente los partidos políticos, sino también los dirigentes gremiales, sindicales, redes sociales y demás instancias que hoy tienen directa y masiva injerencia en el juego de las ideas en Colombia.

El llamado del Presidente se inscribe también en la antesala de lo que se prevé, por parte de expertos, como una de las campañas más intensas de las últimas décadas, tanto para el Congreso en el primer semestre, como en la elección presidencial, en una o dos vueltas, a mediados de 2022. Hablamos de unas campañas que estarán enmarcadas en uno de los momentos más críticos de los últimos años, con colectividades políticas que afrontan quizás los niveles más bajos de favorabilidad de parte de la opinión pública y apenas se sostienen a flote en el agitado mar de desconfianza y descrédito que las encuestas reflejan, y una división del país casi que sin antecedentes.

Frente a un panorama tan desafiante, candidatos a Congreso y Presidencia están escogiendo la estrategia del combate abierto y directo en todos los foros públicos, incluidas las redes sociales, por donde circulan por igual verdades, mentiras, calumnias, montajes, opiniones, informaciones falsas y verdaderas, un cóctel que eleva la pugnacidad a niveles francamente desagradables, inconvenientes y peligrosos. La política colombiana y el debate público de las ideas en cualquier campo no puede seguir por el camino enlodado de las ofensas y las mentiras sin que esto implique costos muy altos para la democracia en el futuro.

La conjunción que vivimos de las coyunturas social, sanitaria y política significa para el país una prueba particularmente importante para la próxima escogencia de miembros del Congreso y del próximo presidente de la República y solo mediante un debate proselitista respetuoso, veraz, objetivo y ejemplar en todo sentido, podremos tener la posibilidad de que no solo reduzcamos la polarización, sino que regresemos a la convivencia pacífica de las personas y las ideas, así como la tolerancia de todos los partidos y partidarios, es decir, regresar a lo que fue el ejercicio sano, confiable y respetable de la política.

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