domingo 03 de mayo de 2009 - 10:00 AM

El paraíso de las falsedades

En Colombia la falsedad, el engaño y el perjurio, le están ganando la carrera a la sociedad y ésta ni se imagina las consecuencias de esa derrota que, lamentablemente, apenas están comenzando a verse.

Es que en los últimos días han quedado en evidencia mentiras tan graves y lo que es peor, difundidas por funcionarios gubernamentales de tan alta posición, que no son ellos únicamente los que pierden la confianza de la gente como individuos, sino a través de ellos, la credibilidad generalizada de la ciudadanía en las instituciones que la rigen.

La conclusión no puede ser distinta, luego de que hace apenas cinco días se comprobó no solamente que directivos del DAS le mintieron flagrantemente a la Corte Suprema de Justicia en el caso de las interceptaciones telefónicas ilegales, sino que éstas van mucho más allá de lo que en principio se creía.

Un aparato de inteligencia estatal que se voltea contra las mismas instituciones que supuestamente debe defender, pero que además miente e intenta encubrir su proceder ilegal, amparado todavía no se sabe por quién, es el síntoma incuestionable de una enfermedad muy grave.

Y lo que es peor, esa enfermedad tan grave amenaza con hacer metástasis si todos los implicados no son encontrados, procesados y ejemplarmente castigados por la justicia.

En ese sentido, la Procuraduría General de la Nación y particularmente su cabeza, Alejandro Ordóñez, así como la Fiscalía, tienen una prueba de fuego cuyos resultados tendrán en vilo al país entero.

Pero lamentablemente, ahí no termina la historia de las mentiras y las falsedades de los días recientes. Los falsos positivos, que podrían continuar ocurriendo a pesar del estallido del escándalo hace meses y de las denuncias que ya reposan en los entes judiciales, a pesar de las negativas de varios dirigentes estatales, aún generan muchas dudas entre la opinión pública nacional.

En fin, son varios los episodios en los cuales la credibilidad de quienes ostentan el control de las instituciones estatales se ha puesto en duda y bajo sospecha. No sobra decir que sucesos como los descritos son los que más debilitan a una democracia, sobre todo si ésta enfrenta a dos enemigos colosales que buscan extenuarla a como dé lugar, como lo son el narcotráfico y la guerrilla. 

 

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